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sábado, 9 de maio de 2009

150 ANOS - S. S. V. P.

150 ANOS DA SOCIEDADE DE S. VICENTE DE PAULO em PORTUGAL
Como autor deste blog "Conferência Vicentina de S. Paulo" e, também na dupla situação de Presidente desta Conferência e Secretário do Conselho Porto Poente, do Conselho Central Feminino do Porto, permito-me dar aqui notícia do evento ocorrido na quinta-feira passada, dia 7 de Maio de 2009, na Igreja Paroquial de S. Salvador de Matosinhos, onde se celebrou uma Eucaristia de Acção de Graças pelos cento e cinquenta anos da fundação da Sociedade de S. Vicente de Paulo em Portugal. Assim compareci ali, quase como se tivesse "caído de paraquedas" e porquê? Porque na reunião do Conselho de Zona Porto Poente de Abril passado foi-me comunicado pela nossa Presidente que o Conselho de Zona de Matosinhos fazia anos e tinha sido feito um convite para que as Conferências dos diversos Conselhos se fizessem ali representar no Convívio que se ia ali realizar, a partir das 15,45 horas do dia 7 de Maio. Por isso ali fui, como acima disse, representando não só a Conferência de S. Paulo, mas também na qualidade de Secretário do CPPP. Quando lá cheguei - às 16 e 10 h - é que constatei que a Eucaristia que já estava em curso, era em comemoração dos 150 anos da Sociedade de S. Vicente de Paulo! - surpresa? - bem, pelo menos para mim, foi... mas tudo bem, não há crise. Estavam lá bastantes vicentinas representando, creio eu, muitas das conferências daqui da zona Norte, ou melhor, do Conselho Central Feminino do Porto, com a presença de cerca de 200 pessoas. Depois da celebração eucaristica que foi concelebrada, salvo erro por 6 ou 7 padres e presidida pelo Padre Mendes, da Igreja de Matosinhos - não tenho os nomes dos outros porque não perguntei a ninguém - realizou-se uma sessão solene no salão paroquial que foi apresentada pela Presidente do Conselho de Matosinhos e em que falaram 11 oradores, como o Presidente do Conselho Central Masculino do Porto, a Presidente do Conselho Central Feminino do Porto, Presidentes de várias Conferências do Conselho de Matosinhos, o Padre Mendes, o Presidente da Câmara Municipal de Matosinhos, além de outros. A sessão iniciou-se às 17,30 e terminou uma hora e meia depois, aproximadamente. No fim serviu-se por quase todos os presentes (já não estavam todos, porquanto alguns já tinham saído minutos antes) uma fatia de um bolo gigante comemorativo das datas de 1859-2009 (150 anos da SSVP) e uma taça de vinho espumante - e à saída ainda cada participante levou uma rosa que estavam a ser distribuidas à porta. Junto aqui algumas fotos que ficam para a posteridade.
Reportagem (a fingir...) de António Fonseca

ISIDRO, SANTO (e outros)-11-MAIO

Isidro Labrador, Santo
CamponÊs, Maio 15
Isidro Labrador, Santo
Isidro Labrador, Santo

Camponês

Quarenta anos antes de que ocorresse, havia escrito Ciceron: “Duma tenda ou de uma oficina nada nobre pode sair”. Uns anos depois, no ano primeiro da era cristã, saiu duma ofcina de carpinteiro el Hijo de Dios. Las mismas manos que crearon el sol y las estrellas y dibujaron las montañas y los mares bravíos, manejaban la sierra, el formón, la garlopa, el martillo y los clavos y trabajaban la madera. Desde entonces, ni la azada ni el arado ni la faena de regar y de escardar tendrían que avergonzarse ante la pluma ni ante el manejo de los medios modernos de comunicación, ni ante las coronas de los reyes. El patrón de aquella villa recién conquistada a los musulmanes, Madrid, hoy capital de España, no es un rey, ni un cardenal, ni un rey poderoso, ni un poeta ni un sabio, ni un jurista, ni un político famoso. El patrón es un obrero humilde, vestido de paño burdo, con gregüescos sucios de barro, con capa parda de capilla, con abarcas y escarpines y con callos en las manos. Es un labrador, San Isidro. Como el Padre de Jesús, cuyas palabras nos transmite San Juan en el evangelio 15,1: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”. SE POSTRARON LOS REYES Ante su se-pulcro se postraron los reyes, los arquitectos le construyeron templos y los poetas le dedicaron sus versos. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Burguillos, Espinel, Guillén de Castro, honraron a este trabajador madrileño. El historiador Gregorio de Argaiz le dedicó un gran libro: "La soledad y el campo, laureados por San Isidro". Fue su misión, laurear el campo, frío, duro, ingrato, calcinado por los soles del verano y estremecido por los hielos de los inviernos. El campo quedó iluminado y fecundado por su paciencia, su inocencia y su trabajo. No hizo nada extraordinario, pero fue un héroe. Fue un héroe que cumplió el “Ora et labora” benedictino. La oración era el descanso de las rudas faenas; y las faenas eran una oración. Labrando la tierra sudaba y su alma se iluminaba; los golpes de la azada, el chirriar de la carreta y la lluvia del trigo en la era, iban acompañados por el murmullo de la plegaria de alabanza y gratitud mientras rumiaba las palabras escuchadas en la iglesia. Acariciando la cruz, aprendió a empuñar la mancera. He ahí el misterio de su vida sencilla y alegre, como el canto de la alondra, revolando sobre los mansos bueyes y el vuelo de los mirlos audaces.
TAN POBRE Alegre y, sin embargo, tan pobre. Isidro no cultivaba su prado, ni su viña; cultivaba el campo de Juan de Vargas, ante quien cada noche se descubría para preguntarle: "Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?" Juan de Vargas le señalaba el plan de cada jornada: sembrar, barbechar, podar las vides, limpiar los sembrados, vendimiar, recoger la cosecha. Y al día siguiente, al alba, Isidro uncía los bueyes y marchaba hacia las colinas onduladas de Carabanchel, hacia las llanuras de Getafe, por las orillas del Manzanares o las umbrías del Jarama. Cuando pasaba cerca de la Almudena o frente a la ermita de Atocha, el corazón le latía con fuerza, su rostro se iluminaba y musitaba palabras de amor. Y las horas del tajo, sin impaciencias ni agobios, pero sin debilidades, esperando el fruto de la cosecha “Tened paciencia, hermanos, como el labrador que aguanta paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía” Santiago 5, 7. Así, todo el trabajo duro y constante, ennoblecido con las claridades de la fe, con la frente bañada por el oro del cielo, con el alma envuelta en las caricias de la madre tierra. NO SABÍA LEER El Cielo y la tierra eran los libros de aquel trabajador animoso que no sabía leer. La tierra, con sus brisas puras, el murmullo de sus aguas claras, el gorjeo de los pájaros, el ventalle de sus alamedas y el arrullo de sus fuentes; la tierra, fertilizada por el sudor del labrador, y bendecida por Dios, se renueva año tras año en las hojas verdes de sus árboles, en la belleza silvestre de sus flores, en los estallidos de sus primaveras, en los crepúsculos de sus tardes otoñales, con el aroma de los prados recién segados. Isidro se quedaba quieto, silencioso, extático, con los ojos llenos de lágrimas, porque en aquellas bellezas divisaba el rostro Amado. Seguro que no sabia expresar lo que sentía, pero su llanto era la exclamación del contemplativo en la acción, con la jaculatoria del poeta místico Ramón Llull: "¡Oh bondad! ¡Oh amable y adorable y munificentísima bondad!". O del mínimo y dulce Francisco de Asís, el Poverello: “Dios mío y mi todo”. “Loado seas mi Señor por todas las criaturas, por el sol, la luna y la tierra y el agua, que es casta, humilde y pura”. O también con el sublime poeta castellano como él: “¡Oh montes y espesuras - plantados por las manos del Amado - oh prado de verduras, de flores esmaltado - decid si por vosotros ha pasado!!!. “El que permanece en mí y yo en él ese da fruto abundante” Juan 15,5. Así, el día se le hacía corto y el trabajo ligero. Bajaban las sombras de las colinas. Colgaba el arado en el ubio, se envolvía en su capote y entraba en la villa, siguiendo
Isidro Labrador, Santo
Isidro Labrador, Santo
la marcha cachazuda de la pareja de bueyes. UNA SANTA Empezaba la vida de familia. A la puerta le esperaba su mujer con su sonrisa y su amor y su paz. María Toribia era también una santa, Santa María de la Cabeza. Un niño salía a ayudar a su padre a desuncir y conducir los bueyes al abrevadero. Era su hijo, que lo era doblemente, porque después de nacer, Isidro le libró de la muerte con la oración. Luego arregla los trastos, cuelga la aguijada, ata los animales, los llama por su nombre, los acaricia y les echa el pienso en el pesebre, pues, según la copla castellana: “Como amigo y jornalero, - pace el animal el yero, - primero que su señor; - que en casa del labrador, - quien sirve, come primero”. Hasta que llega María restregándose las manos con el delantal: "Pero ¿qué haces, Isidro, no tienes hambre? -le dice cariñosamente-. Ya en la mesa, la olla de verdura con tropiezos de vaca. Pobre cena pero sabrosa, condimentada con la conformidad y animada con la alegría, la paz y el amor. Y eso todos los días; dias incoloros pero ricos a los ojos de Dios. Sin saber cómo, Isidro se ha ido convirtiendo en santo. “Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin” Salmo 1,1. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante” Juan 15,6 Ya su aguijada tiene la virtud de abrir manantiales en la roca, porque: “Mucho puede hacer la oración intensa del justo...Elías volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos” Santiago 5, 17. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis y se realizará” Juan 15, 7. Ya puede Isidro rezar con tranquilidad entre los árboles aunque le observe su amo, porque los ángeles empuñan el arado. ¡Oh arado, oh esteva, oh aguijada de San Isidro, sois inmortales como la tizona del Cid, el báculo pastoral de San Isidoro y la corona del rey San Fernando!, exclama el poeta. Con la pluma de Santa Teresa habéis subido a los altares. Así es como la villa y corte, centro de España, tiene por patrón a un labrador inculto, sin discursos, ni escritos, ni hechos memorables, sólo con una vida escondida y vulgar de un aldeano, hombre de aquella pequeña villa que se llamaba Madrid, recién reconconquistada al Islam. En 1083 Alfonso VI había entrado por la cuesta de la Vega. El contraste es instructivo y proclama el estilo de Dios cuando nos regala sus santos. “Escondiste estos secretos a los sabios, y los revelaste a las gentes sencillas”. San Isidro labrador era un simple; reconocerlo es admirar los planes de Dios. EL DIÁCONO DE SAN ANDRÉS Lo que sabemos de su vida se debe al diácono de San Andrés, que conoció a su paisano y sólo ocupa media docena de páginas. ¿Quién es capaz de extender más la descripción de un labriego sencillísimo que cruza por esta vida sin ninguna aventura externa y sin más complicación que la personalísima de ser santo a los ojos de Dios? Fue un hombre sencillo, su villa era pequeña. Madrid era rica en aguas y en bosques, con su docena de pequeñas parroquias, sus estrechas calles y en cuesta, su alcázar junto al río, su morería y sus murallas. Un puñado de familias cristianas, entre ellas, la de los Vargas, que era la más rica, alrededor de la parroquia de San Andrés, a cuyo servicio estaba Isidro. San Isidro nos ofrece todo un programa de vida sencilla, de honrada laboriosidad, de piedad infantil aunque madura, de caridad fraterna, ejemplo para esta sociedad compleja, y llena de mundo, de vida callejera, de codicia y de egoísmo, que lamenta hoy el zarpazo del terrorismo atroz y espera el nacimiento del nuevo Infante heredero. Ambos acontecimientos, tan dispares, laten en el corazón celeste de San Isidro, en su calidad de Patrón de Madrid que lo es, en cierto modo, de España. Comentarios al autor Jesús Martí Ballester Si quieres saber más consulta San Isidro
San Isidro
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San Isidro es por excelencia el patrón de los campesinos, es el santo a quienes muchos acuden para que llueva y los madrileños le tienen un especial aprecio porque es su patrón. Su nombre completo era el de Isidro de Merlo y Quintana. La mayoría de personas que han escrito sobre la vida del santo sitúan su nacimiento a finales del siglo XI, y la fecha en que muchos se han puesto de acuerdo es en la de 1080, pero nadie ha sabido aún en que barrio nació, seguro que no lo hizo en el de Las Rozas ni tampoco en un piso de alto standing del Paseo de la Castellana porque en aquella época, no existían. Ten en cuenta, que Madrid, por aquellos tiempos no dejaba de ser un pueblo agrícola, y que la capital hispánica, por decirlo así, era Toledo. Las tradiciones sitúan su bautizo en la iglesia de San Andrés de la capital madrileña. El nombre de Isidro -que no es más que una derivación de Isidoro- fue en honor al Arzobispo San Isidoro de Sevilla. Muchas de las cosas que sabemos de este buen hombre es gracias a Juan Diácono, que en el siglo XIII escribió su biografía, la "Vita Sancti Isidori". Él nos retrata a un hombre ejemplar, de buen corazón y muy bondadoso con los más necesitados. Parece ser que una de las primeras ocupaciones de Isidro fue la de pocero, o sea, cavar pozos, al servicio de la familia Vera hasta que se trasladó a trabajar a Torrelaguna, donde contrajo matrimonio con una chica del pueblo llamada María Toribia, conocida más tarde con el nombre de Santa María de la Cabeza, también declarada santa. Fruto de su matrimonio tuvieron un hijo llamado Illán. Al cabo de unos años la familia regresó a Madrid, para cuidar las tierras de la familia Vargas. Fue en ese momento cuando Isidro realizó las tareas de labrador y pasase a ser conocido popularmente como "Isidro labrador". Falleció en el año 1130. Tradiciones Sobre la figura del santo se han vestido muchas narraciones populares. La más conocida de ellas es la que nos presenta a un hombre muy piadoso que muy a menudo tenía que soportar las burlas de sus vecinos porque cada día iba a la iglesia antes de salir a labrar el campo. A veces, Isidro llegaba algunos minutos tarde al trabajo y sus compañeros lo denunciaron al patrón por holgazán. Juan de Vargas, que así se llamaba el propietario de la finca, lo quiso comprobar por si mismo, y un buen día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al salir del templo le recriminó su actitud. Cuando llegaron al campo, su patrón vio por sorpresa que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro. El patrón entendió aquél hecho como un prodigio del cielo. También es conocida "la olla de San Isidro". Se cuenta que cada año nuestro amigo organizaba una gran comida popular donde eran invitados los más pobres y marginados de Madrid. Sin embargo, en una ocasión el número de de presentes superó lo previsto y la comida que habían preparado no llegaba ni a la mitad de los convocados. Isidro metió el puchero en la olla y la comida se multiplicó "milagrosamente", hubo para todos y más. Así mismo, hay un relato que nos dice que en un año de sequía y temiendo por la rentabilidad de la hacienda de su patrón, Isidro con un golpe de su aradahizo salir un chorro de agua del campo. Salió tanta agua de allí que pudo abastecer toda la ciudad de Madrid. Fíjate amigo cibernauta que en estas dos narraciones hay una homología en dos textos de la Biblia; la primera es una analogía del milagro de los panes y los peces de Jesús y la segunda de Moisés, que en el éxodo de Egipto hacia la Tierra prometida, golpeó una piedra con su bastón y salió de ella agua para saciar la sed de su pueblo. En este apartado de "prodigios" no podríamos dejar de lado una curación atribuida a San Isidro y que le valió la beatificación. En tiempos del rey Felipe III (1578-1621) habiendo caído gravísimamente enfermo, a su regreso de Lisboa, en Casarrubios del Monte (Toledo), le fue llevado el cuerpo de San Isidro hasta su estancia real, y el monarca sanó milagrosamente. La beatificación tuvo lugar el 14 de abril de 1619, y tres años más tarde, el 12 de marzo de 1622, el Papa Gregorio XV lo canonizaría. Amor a los animales Durante toda su vida de labrador tuvo un gran aprecio con los animales. En ningún momento maltrató a los bueyes y a los otros animales de trabajo de la hacienda, todo al contrario. Existe una leyenda que explica que una día de invierno y mientras se dirigía al molino con un saco de grano sintió compasión de los pájaros que en la nieve ya no encontraban alimento y que estaban a punto de morir. Isidro limpió un pedazo de tierra apartando la nieve y vació allí la mitad del saco. Al llegar al molino resultó que el saco estaba tan lleno de grano como antes. Devoción El aprecio a San Isidro es notable para todas aquellas personas que trabajan en el campo, por lo tanto es el patrón de los campesinos y de los viticultores, así como de los ingenieros écnicos agrícolas. Como ya he comentado interiormente es el patrón de la ciudad de Madrid desde el 14 de abril de 1619, día en que el Papa Pablo V firmó el decreto de su beatificación. Su protección a los campesinos y labradores españoles así como de todos los agricultores católicos del mundo fue declarada por el Papa Juan XXIII. Se le puede invocar para que llueva y tener una buena cosecha. En Catalunya, San Isidro comparte el patronazgo de los campesinos junto a San Galderic, un santo de la comarca catalano-francesa del Rosellón. Como te puedes imaginar son muchas las ermitas que tiene dedicadas. La más popular es la que hay en Madrid, en el paseo Quince de Mayo en el barrio de Carabanchel, donde cada año en el día de su fiesta se bendice el agua de la fuente del agua, la misma que el santo hizo manar en tiempos de sequía. Fue construida en 1528 y la edificación actual corresponde al 1725. Cabe mencionar que el santo tiene dedicada en la capital de España una colegiata que fue construida entre los años 1626 y 1664 y que desde el año 1885 hasta 1993 actuó como catedral. Dicho templo está situado en la calle Toledo. Recuerda que la actual Catedral de Madrid y desde 1993 es la Catedral de la Almudena. También me gustaría comentarte que en el Santuario de la Mare de Déu de les Salines (Nuestra Señora de las Salinas) situado a pocos kilómetros de Maçanet de Cabrenys (Girona) se organiza el domingo después al 15 de mayo un aplec (fiesta) que concentra a muchos devotos de la zona y de la parte catalana de Francia. Después del oficio solemne se reparte arroz y la tradicional "berena", un pan redondo bendecido de unos 300 gramos. El origen de esta ofrenda arranca cuando, antiguamente se repartía comida a todos los pobres de la comarca que asistían al encuentro. Una fiesta muy popular que cosecha éxito desde el año 1974. Cabe recordar que bajo el nombre de "San Isidro" se organizan durante los días colindantes a su onomástica diferentes ferias agrícolas en diversos pueblos de España. El ejemplo de San Isidro Sin lugar a dudas, Isidro es otro de los ejemplos a imitar por su sencillez y para ver también que Jesús se sirve de los hombres para que éstos colaboren en la sociedad para hacerla más justa e igual para todos. ¡Cuántos de nosotros no podríamos hacer el milagro de la "olla" si compartiésemos parte de nuestras ganancias con los más necesitados! Vaya desde aquí también un fuerte saludo a todos los trabajadores del campo, y sobretodo a los que están en condiciones inhumanas, piensa en los inmigrantes que dejan su tierra con la intención de prosperar en un país ajeno y que se encuentran en pésimas condiciones y cobrando un salario por debajo de lo que les correspondería. ¿Sabes que muchos de ellos han vendido o hipotecado sus casas de su país de origen para pagar el viaje a un nuevo país?. Por otra parte, Isidro nos muestra como Francisco de Asís, San Roque y otros muchos santos, el aprecio hacia los animales. Es más, Isidro lo hace con aquellos que son sus propias herramientas de trabajo: los bueyes. Desgraciadamente, se tienen a los animales del campo como simples instrumentos y muchos aún no se han parado a pensar que son seres que sienten, igual que nosotros. En este caso, los animales son puestos al servicio del hombre de una forma gratuita, para nuestro provecho; bueno será reconocerles la ayuda que prestan a los trabajadores del campo. Gran ejemplo sin duda la que nos da Isidro. Onomástica: 15 mayo Oración Glorioso San Isidro, tu vida fue un ejemplo de humildad y sencillez, de trabajo y oración; enséñanos a compartir el pan de cada día con nuestros hermanos los hombres, y haz que el trabajo de nuestras manos humanice nuestro mundo y sea al mismo tiempo plegaria de alabanza al nombre de Dios. Como tú queremos acudir confiadamente a la bondad de Dios y ver su mano providente en nuestras vidas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Mayolo, Santo
Abad de Cluny, Mayo 11
Mayolo, Santo
Mayolo, Santo

Abad de Cluny

Hijo de Foquer, señor rico y poderoso en Provenza. Mayolo o también Mayeul nació en el año 906, en la pequeña villa de Valenzola. Sus padres murieron pronto, cuando Mayolo era aún muy joven. Pronto le ronda por la cabeza el pensamiento de abandonar sus muchas posesiones y retirarse a la soledad; pero antes de tomar esta determinación le obligan a salir de sus tierras los sarracenos que van haciendo incursiones desde España. Esta es la razón de refugiarse en Mâcon donde le conociera el obispo Bernon que le da la prebenda de un canonicato al ver sus buenas cualidades y disposiciones. Termina sus estudios en la entonces célebre escuela de Lyon de donde regresa para instruir en filosofía y teología al clero local, recibir el diaconado y ser nombrado arcediano, o sea, el primero del orden de los diáconos. Como el ministerio del diaconado lleva consigo preparar la mesa a los pobres, repartiéndoles las limosnas de la iglesia, su nuevo cargo le proporciona la ocasión de ejercitar la caridad limosnera de un modo poco común; de hecho, vende sus muebles, casas y tierras para repartirlos entre los más menesterosos, incrementando así las limosnas del obispo. Quieren nombrarlo obispo de Besanzon a la muerte de Guifredo; pero se resiste y, temeroso de que se presenten otras ocasiones que no pueda declinar, se retira al claustro. Cluny la abadía recientemente fundada -en el 910, bajo la advocación de san Pedro apóstol y sometido a la autoridad del papa, por Guillermo, duque de Aquitania-, será su casa desde entonces, cuando su tercer abad es Aymardo. Se observa estrictamente la Orden de San Benito de Arriano. Allí le encargan de la biblioteca y le nombran apocrisario, una especie de legado para resolver asuntos fuera del convento y, de modo especial, los que se refieren a las relaciones con los nobles o los príncipes. Pasa a ser abad de Cluny al quedarse Aymardo imposibilitado para el gobierno por la ceguera. Con el abad Mayolo es cuando la abadía más resplandece por su rectitud, disciplina y espíritu de reforma, volviéndose hacia ella los ojos de los príncipes, emperadores y papas. La reforma propugnada por Cluny pasa a los monasterios de Alemania a petición del emperador Otón I y de la emperatriz Adelaida. Las abadías de Marmontier de Turena, San German de Auxerre, Moutier-San-Juan, San Benito de Dijon y San Mauro de las Fosas, en las proximidades de París, conocen la reforma cluniacense en Francia. El mismo papa Benedicto VII encomienda al abad Mayolo la reforma del monasterio de Lerins. Fue toda una labor apasionante y pletórica realizada sólo en diez años. Claro está que nada de esto hubiera podido realizarse con un espíritu pusilánime o sin oración, sin penitencia y sin su piedad recia que incluía el tierno amor a Santa María como queda expresado en sus peregrinaciones a los santuarios de Nuestra Señora de Valay y de Loreto. No todos los trabajos fueron ad intra propiciando la reforma de los buenos. Tuvo también escarceos apostólicos y proselitistas con los infieles sarracenos durante el tiempo en que le tuvieron preso, en Pont-Ouvrier, y de quienes fue rescatado por una fuerte suma de dinero que pudo reunirse entre los frailes y con las ayudas de amigos y ricos nobles conocidos. El emperador Otón II quiso que fuera elegido papa, pero topó con su firme negativa. Cansado de trabajos y pensando que su misión estaba concluida, propone se elija a su fiel discípulo Odilón para sucederle y renuncia a ser abad. Pero, aunque anciano ya, le queda todavía una última aventura reformadora; fue Hugo, el fundador de la dinastía de los Capetos, quien le pide como rey de Francia que regrese a París para introducir la reforma en la abadía de san Dionisio; no supo negarse, se puso en camino y muere en el intento generoso de mejorar ese monasterio para bien de la Iglesia; en Souvigni, el 11 de Mayo del año 994, casi nonagenario, muere el reformador Mayolo, uno de los hombres más eminentes de la cristiandad del siglo X, organizador insigne que preparó el estallido de vitalidad del siglo XI. Su figura se presenta magnífica en la escena del siglo de hierro en un mundo que estaba en construcción. Además de extender la Orden de Cluny en influencia y prestigio para reformar el mundo cristiano, su obra se extiende a otros aspectos de la vida social: construye y restaura, favorece las letras e introduce las ideas cristianas en los gobiernos de Alemania, de Francia y de Italia y, además, es incapaz de contemplar a un necesitado sin derramar lágrimas. La abadía de Cluny, el templo mayor del mundo hasta que en el siglo XVI se construyó en Roma la basílica de san Pedro, que llegó a ser uno de los más importantes centros religiosos, que preparó decisivamente el camino a la reforma gregoriana y que se convirtió en potente foco de radiación del románico europeo, está convertida hoy en un montón de ruinas sólo recuperadas para la posteridad en el papel y el diseño. Se cerró y arrasó en el 1790 por la Revolución francesa. Se entiende que no todas las revoluciones son respetuosas con la cultura, ni con el arte, ni con la historia o que quizá existan más interpretaciones de historia, de arte y de cultura.
Ignacio de Laconi, Santo
Capuchino, Mayo 11
Ignacio de Laconi, Santo
Ignacio de Laconi, Santo

Capuchino

Cuando San Francisco fundó los frailes menores no pensó, en una comunidad de sabios, sino de hombres que predicaran el Evangelio después de haberlo vivido en la pobreza más absoluta, en la obediencia y en la humildad, realizando aquella que los franciscanos llamarían conversión del corazón a la perfección evangélica, en la renuncia al pecado, a la riqueza y a cualquier propiedad terrena. En efecto, las únicas condiciones que San Francisco ponía a los primeros discípulos para ser admitidos era el despojo total de los bienes y el “servicio a los leprosos”. “Nosotros vemos mendigar todos los días por la ciudad a un santo viviente, que es un fraile laico de los Capuchinos y que se ha ganado con muchos milagros la veneración de sus compatriotas”: así escribía en 1773 el pastor protestante José Fues, capellán del batallón de infantería alemán al servicio del rey de Cerdeña. Ese santo viviente era el fraile capuchino Ignacio de Láconi, a quien los habitantes de Cagliari llamaban “padre santo”. Parafraseando una hermosa frase de Manzoni, ese humilde mendicante era como el mar que recibía el agua de todas partes y después la distribuía como lluvia, a toda la sierra. Francisco Ignacio Vicente Peis, segundo de nueve hermanos, nació en Láconi (Cerdeña) el 17 de noviembre de 1701. Los padres, pobres materialmente, pero ricos humana y cristianamente, le educaron en el cumplimiento de los preceptos cristianos. Desde muy joven Ignacio practicaba severas mortificaciones. A los 20 años, después de haber escapado de dos peligros mortales, en cumplimiento de un voto se fue a Cagliari para entrar al convento capuchino del Buencamino. Pero por su delicada salud, no lo aceptaron inmediatamente. EL 10 de noviembre de 1721 ya vestía el sayal franciscano. Después del noviciado peregrinó durante quince años en varios conventos, y después fue llamado definitivamente al convento de Cagliari en donde se lo encargó de la limosna, que él cumplió con espíritu realmente franciscano: ejemplo vivo de pobreza, pero también de absoluta disponibilidad hacia los pobres, los necesitados de todo género, los “leprosos´ del espíritu más que del cuerpo, esto es, los pecadores, a muchos de los cuales él llevó al buen camino. Dos años antes de su muerte, acaecida el 11 de mayo de 1781, quedó ciego, pero siguió observando escrupulosamente la vida común con todas las reglas del convento. Durante su vida fue dotado de extraordinarios carismas, y después de la muerte su fama de taumaturgo se difundió cada vez más con la repetición de los milagros que se obtenían por su intercesión. Pío XII lo beatificó en 1940, y lo canonizó el 21 de octubre de 1951.
Estela o Estrella, Santa
Virgen y Mártir, Mayo 11
Estela o Estrella, Santa
Estela o Estrella, Santa

Virgen y Mártir

Etimológicamente significa “estrella”. Viene de la lengua latina. Para que se eleve una confianza sobre la tierra, al Este o al Oeste, en el Norte o en el Sur, es necesaria tu vida y de una multitud. Para empezar, no hacen falta ni la experiencia de toda una existencia ni la perspectivas que da el saber. ¿Te concederás una tregua mientras no hayas encontrado dónde descansar tu corazón? Esta chica, de tan bonito nombre, fue una virgen del siglo III. En este tiempo había un obispo llamado Eutropio. Tenía un gancho muy grande con la juventud. Realmente la entendía a la perfección. Empleaba noche y día en trabajar apostólicamente con los cristianos. Durante este tiempo estaba en Charente, Francia, Era el primer obispo que tenía una ciudad que vivía todavía sumida, en su mayoría, en el paganismo. Le cupo la gloria de que una de las primeras conversiones que se obraron con su pastoral, fue la de la joven Estela o Estrella. Tenía una fuerte personalidad. El padre le había insistido una y mil veces que no se metiera en las cosas cristianas. Le parecía absurdo y raro para la gente con la que se codeaba. Todos sus esfuerzos fueron inútiles para lograr que dejara el cristianismo. El padre estaba en un aprieto. Tenía que obedecer las órdenes imperiales, so pena de que lo mataran. Entonces, con todo el dolor de su alma, entregó a su hija a las autoridades para que hicieran con ella lo que mandaba la ley. Estas autoridades, como era natural, la enviaron a la muerte. En Francia, los poetas Mistral y los de la lengua D´Oc la eligieron como patrona de la Escuela Literaria de los Felibres, Era el año 1854. ¡Felicidades a quien lleve este nombre!
Ceferino Namuncurá, Beato
Laico Saleciano, Mayo 11
Ceferino Namuncurá, Beato
Ceferino Namuncurá, Beato
El beato Ceferino Namuncurá Burgos nació en Chimpay, Río Negro el 26 de agosto de 1886 y murió en Roma el 11 de mayo de 1905, era un joven laico salesiano argentino de orígenes mapuches y criollos. Nació en la reducción mapuche de Chimpay. Era hijo de Rosario Burgos (cautiva "huinca" chilena) y del cacique Manuel Namuncurá, un célebre líder que luchó heroicamente, en la batalla del 5 de mayo de 1883 contra el Ejército Argentino comandado por el general Julio Argentino Roca y nieto del caudillo mapuche Calfucurá. Al año de edad, en 1887, Ceferino salva su vida milagrosamente de perecer ahogado en el Río Negro, mientras jugaba en sus orillas. Ese mismo año, el 24 de diciembre en vísperas de Navidad, fue bautizado por el misionero salesiano padre Domingo Milanesio, gran defensor de los pueblos originarios. A los 11 años le pide a este salesiano que lo lleve a estudiar para luego regresar y así poder enseñar a los de su pueblo. Su padre, siendo el cacique de la nación mapuche, es elevado al rango de Coronel de la Nación y lo lleva a Buenos Aires siendo recibido por el General Luis María Campos, su amigo y entonces Ministro de Guerra y Marina. Ceferino ingresa en los talleres que la Armada tenía en la localidad de Tigre y permanece allí 3 meses, pero luego le escribe a su papá que lo saque porque no le gusta ese ambiente y esa profesión. El Coronel Manuel Namuncurá recurre a su amigo el Dr. Luis Sáenz Peña, ex presidente argentino, quien recomienda a Ceferino a los Salesianos. El 20 de septiembre de 1897 Ceferino es inscripto como alumno estudiante interno. Paulatinamente Ceferino se va adaptando al ambiente, se dedica en cuerpo y alma al estudio, aprende el idioma castellano y apasionadamente el catecismo. Es un excelente, divertido y paciente compañero. El 8 de septiembre de 1898 Ceferino recibe la Primera Comunión y, un año más tarde el 5 de noviembre de 1899, recibe el Sacramento de la Confirmación en la Iglesia Parroquial de San Carlos de manos de Monseñor Gregorio Romero. Una de las curiosidades en la vida de Ceferino Namuncurá es que él y Carlos Gardel (futuro actor y cantante de tangos) eran amigos y alumnos internos del colegio salesiano Pío IX, ambos integraron el coro, cantaron juntos en la capilla y en actos culturales. A principios de 1902 su salud comienza a deteriorarse y por los estudios que le realizan encuentran que contrajo tuberculosis. Monseñor Juan Cagliero entonces, decide trasladarlo a Viedma, con la esperanza de que los aires nativos ayuden a recuperar la salud. Sin más, a comienzos de 1903, en el colegio "San Francisco de Sales" de Viedma comienza su estudio secundario como aspirante salesiano. El sacerdote médico Evasio Garrone juntamente con el enfermero del hospital el Beato Artémides Zatti cuidan de Ceferino. El 19 de julio de 1904 con 17 años, Ceferino es trasladado a Turín, Italia por Monseñor Cagliero, los salesianos pensaron que allá recuperaría la salud y podría continuar sus estudios de sacerdocio. Estudia en el colegio salesiano de "Villa Sora" (Frascati, Roma). En Turín, el Beato Miguel Rua, el primer sucesor de San Juan Bosco, conversa varias veces por semana con el buen indiecito, pero el acontecimiento de su vida fue el 27 de septiembre de 1904, Ceferino visita al Papa Pío X, junto con Monseñor Cagliero, los sacerdotes José Vespignani y Evasio Garrone y otros salesianos. A Ceferino le encomendaron la tarea de pronunciar un breve discurso con unas emocionadas palabras y obsequia al Papa un Quillango Mapuche. Pío X se conmueve, lo bendice y le obsequia la medalla destinada a los príncipes. En marzo de 1905, la tuberculosis hace estragos en la salud de Ceferino y la cruel enfermedad avanza inexorablemente. Es internado en el Hospital de los Hermanos de San Juan de Dios y es atendido dos veces al día por el Dr. José Lapponi - médico personal de los Papas León XIII y Pío X. El 11 de mayo de ese mismo año muere a los 18 años de edad Ceferino Namuncurá acompañado por Monseñor Cagliero a quién dijo sus últimas palabras: "¡ Bendito sea Dios y María Santísima!, Basta que pueda salvar mi alma, y en los demás que se haga la santa voluntad de Dios". Sus exequias fueron muy humildes, como su vida lo fue, enterrado el día posterior a su fallecimiento en el cementerio popular de Roma, en Campoverano, con la presencia de pocos salesianos y compañeros de estudio bajo el amparo de una simple cruz de madera con su nombre señala el lugar en que yacen sus restos. En 1924 los restos de Ceferino Namuncurá son repatriados por orden del presidente Marcelo T. de Alvear y llevados al cementerio de Fortín Mercedes. En 1930 sacerdote Luís J. Pedemonte comienza a propagar las virtudes y la devoción al "Indiecito Santo" con lo cual recoge y publica abundantes testimonios de gracias recibidas por aquellos que lo rezaban y lo conocieron. El 2 de mayo de 1944 se inicia la Causa de Beatificación y el 3 de marzo de 1957 el Papa Pío XII aprueba la introducción de la Causa de Beatificación de Ceferino Namuncurá. Quince años más tarde el 22 de junio de 1972 el Papa Pablo VI lo declara Venerable. Fue el primer argentino que llegó a esa altura de santidad. La devoción popular a Ceferino Namuncurá se fue difundiendo desde mediados de siglo XX por toda la Argentina. Es así que a fines de los 1960s ya era muy común encontrar estampitas dedicadas a San Ceferino en plena ciudad de Buenos Aires, de este modo su foto se hizo tan popular que muchas papeletas de propaganda en las cuales ofrecían y ofrecen sus servicios los "plomeros" — fontaneros—, albañiles y trabajadores de oficios afines tienen impresas el rostro del beato. Desde 1991 sus restos descansan en el Santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes. El 7 de julio de 2007 el papa Benedicto XVI firmó el decreto que declara a Ceferino Namuncurá como beato. El pontífice recibió al cardenal José Saraiva Martins, el por entonces prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, y autorizó a la Congregación a promulgar una serie de decretos, entre los cuales el que declara beato a "Siervo de Dios Ceferino Namuncurá". El 11 de noviembre de 2007 el enviado papal, cardenal Tarcisio Bertone, proclamó beato a Ceferino Namuncurá, ante mas de 100.00 personas en una ceremonia de beatificación en Chimpay, Río Negro, solar natal del joven salesiano. Una junta médica del Vaticano consideró que la curación de Valeria Herrera, una joven madre de Córdoba, Argentina de 24 años en el año 2000 afectada por cáncer de útero fue un milagro por la intercesión de Ceferino Namuncurá. La mujer llego a poder concebir con posterioridad. Este es el antecedente que se tuvo en cuenta para su beatificación, misma que se llevó a cabo el 11 de noviembre de 2007 bajo el pontificado de Benedicto XVI.
Alberto de Bérgamo, Beato
Terciario Dominico, Mayo 11
Alberto de Bérgamo, Beato
Alberto de Bérgamo, Beato
Alberto pertenecía la Tercera Orden Dominica y, por eso, vivió como lego, a pesar de ser casado y estar dedicado a la vida de trabajo en el campo. Dueño de una sensible generosidad, pasó su vida ayudando a los necesitados, distribuyendo alimentos y dinero. Además, hizo numerosas peregrinaciones, sobre todo a Santiago de Compostela, prestando sus servicios a otros peregrinos a todo lo largo del camino, que era recorrido a pie. También visitó Roma y Tierra Santa. Murió en Cremona, en Italia. Después de su muerte, le fueron atribuidos muchos milagros, siendo su generosidad, marca distintiva de su persomalidad, famosa hasta nuestros días. El Papa Benedicto XIV confirmó su culto el 9 de mayo de 1748. La comunidad dominica lo recuerda el 7 de mayo, pero en otros santorales se lo recuerda el 11 del mismo mes.
Francisco de Jerónimo, Santo Mayo 11 Jesuita, Mayo 11

ANTONINO (ou ANTÓNIO) PIEROZZI (e outros)-10.MAIO

Antonio (Antonino) Pierozzi de Florença, Santo Bispo, Maio 10
Antonio (Antonino) Pierozzi de Florencia, Santo
Antonio (Antonino) Pierozzi de Florencia, Santo

Bispo

Antonio Pierozzi, chamado Antonino por sua pequena estatura, nasceu em 1389, e era filho de um notário florentino. Desde muito jovem entrou no convento dos Dominicanos, onde foi recebido pelo Beato Juan Dominici, a quem recitou de memória as Decretales de Gracián, para demonstrar sua preparação cultural, apesar de ser autodidacta. Do ano 1413, ano de sua ordenação sacerdotal, ao ano 1446, quando foi eleito arcebispo de Florença, ocupou vários cargos na sua Ordem: Vigário, Visitador, Prior em Fiesole, em Roma, em Nápoles e em Florença.
A ele se deve o mérito de ter encarregado o Beato Angelico da tarefa de decorar com frescos o convento de S. Marcos em Florença. Entre tanta actividade maravilha o facto de ter tido tempo para escrever numerosas obras, entre as quais merece uma menção particular a Summa moral, definida “uma grande enciclopédia sistemática do pensamento e da prática da vida cristã”. Em todos os seus escritos se nota a tendência a descartar as “doutrinas sublimes” para deter-se somente no que considerava útil para ele e para os outros. Era um homem prático, sensível aos problemas sociais de seu tempo, desejoso de dar um significado cristão aos novos fermentos humanísticos. O chamavam engenhosamente “Antonino dos conselhos” por sua extraordinária versatilidade no campo religioso, jurídico, político e económico, que o ocupava diariamente em audiências aos numerosos visitantes de toda classe que iam apresentar-lhe seus problemas. Quando ficou vaga a sede episcopal de Florença, o Papa Eugénio IV o nomeou arcebispo, parece que por sugestão do Beato Angelico, que nesse momento estava em Roma fazendo uma obra de arte por encargo do Papa. O primeiro a maravilhar-se, e incluso até assustar-se ante a inesperada nomeação, foi o humilde frade Antonino, que fugiu a
Antonio (Antonino) Pierozzi de Florencia, Santo
Antonio (Antonino) Pierozzi de Florencia, Santo
esconder-se em Maremma. Sua delicada saúde e os achaques físicos que o acompanharam desde sua juventude, desde que era noviço, não o impediram desenvolver uma actividade prodigiosa. Ao lombo de mula cavalgava como um humilde frade para visitar todas as paróquias de sua diocese e das sufragânias de Fiesole, Pistoia e Prato. O povo florentino o amava muito, e ele defendeu seus direitos ainda contra o mesmo Cosimo de Medici, de quem era amigo. Humilde e engenhoso, zeloso e bondoso, o bom pastor se entregou em pleno à sua grei até à véspera de sua morte, em 2 de Maio de 1459. Foi canonizado por Adriano VI em 31 de Maio de 1523.
Em algumas regiões a Santo Antonio de Florença o festejam em 4 de Maio.
João de Ávila, Santo
Sacerdote, Maio 10
Juan de Ávila, Santo
Juan de Ávila, Santo

Padroeiro do clero secular espanhol

Nascido em Almodóvar del Campo, Ciudad Real (Espanha), em 6 de Janeiro de 1499 ou 1500. O ano 1513 foi a estudar leis em Salamanca. Regressou a casa depois de quatro anos e, aconselhado por um franciscano, estudou filosofía e teologia. Em pouco tempo morreram seus pais. Foi ordenado sacerdote no ano 1526. À sua primeira missa assistiram doze pobres que comeram à sua mesa. O padre João de Ávila repartiu seus bens aos pobres e se entregou à oração e ao ensino do catecismo.
No ano 1535, chamado pelo bispo, marchou paraa Córdoba onde conheceu a frei Luis de Granada. Ali organizou pregações pelos povos obtendo muitas conversões de pessoas importantes. Dedicou também muito tempo ao clero para quem fundou centros de estudos como os colégios de S. Pelágio e da Assunção. No ano seguinte, se deslocou a Granada onde foi chamado para ajudar o arcebispo Gaspar de Ávalos na fundação da universidade. Nessa cidade teve lugar a conversão de S. João de Deus, quem depois de ter escutado a pregação do padre João de Ávila decidiu dedicar sua vida aos pobres, enfermos e necessitados. El grupo sacerdotal de Juan de Ávila se formó en Granada hacia el año 1537. Los sacerdotes operarios, que se dedicaban a la predicación, vivían en comunidad, bajo la obediencia del maestro Ávila. Él les aconsejaba robustecer su vida interior: recibir frecuentemente la confesión y comunión, hacer dos horas de oración de mañana y tarde, y estudiar el Nuevo Testamento. Juan acudió a Baeza (Jaén) en 1539, donde ayudó en la fundación de la Universidad, quizá su fundación más célebre. En todas las ciudades por donde pasaba, Juan de Ávila procuraba dejar la fundación de algún colegio o centro de estudios para sacerdotes: tres colegios mayores o universidades y once colegios. Desde 1551 comenzó a sentirse enfermo. Las molestias de su enfermedad le obligaron a residir en Montilla hasta su muerte. Su retiro le dio la posibilidad de escribir con calma sus cartas y preparar mejor sus sermones y tratados. Las cartas de Juan de Ávila llegaban a todo rincón de España e incluso de Roma. De todas partes le pedían consejo obispos, personas de gobierno, sacerdotes y seminaristas, discípulos, conversos, personas humildes, enfermos, religiosos y religiosas. Estuvo relacionado con grandes santos del siglo de oro español: Juan de Dios, Ignacio de Loyola, Francisco de Borja, Teresa de Jesús. Esta última le dio a examinar el libro de su vida. Una de las virtudes principales del padre Juan de Ávila fue su gran amor a la Eucaristía. Ya enfermo, quiso ir a celebrar misa a una ermita, pero por el camino se sintió imposibilitado. Entonces, el Señor se le apareció, en figura de peregrino, y le animó a llegar hasta la meta. En una de las últimas ocasiones en que celebró la misa le habló el crucifijo: “Perdonados te son tus pecados”. Murió el 10 de mayo de 1569. Santa Teresa, al enterarse de la muerte de Juan de Ávila, se puso a llorar. Cuando le preguntaron por qué lloraba, respondió: “Lloro porque la Iglesia de Dios pierde pierde a una gran columna”. Fue beatificado el 4 de abril de 1894 por el papa León XIII. Pío XII lo declaró Patrono del clero secular español el 2 de julio de 1946, y el papa Pablo VI lo canonizó el 31 de mayo de 1970.
Job, Santo
Patriarca, Maio 10
Job, Santo
Job, Santo

Patriarca

Se chama patriarca a um antiquíssimo chefe religioso de Israel. Assim por exemplo foram Patriarcas: Noé, Abraão, Jacob, Isaac, etc. Job foi considerado durante muitos séculos como o melhor modelo de paciência, antes de Jesus Cristo. O profeta Jeremías afirma que a terra onde Job nasceu e viveu (a sul-oriente do Jordão) era considerada como região de grandes sábios e profundos pensadores.
A Sagrada Bíblia narra da seguinte maneira os feitos de Job: "Havia na região de Us (ao sul-oriente de Palestina) um homem de muito bom comportamento, que se apartava do mal e temía muito ofender a Deus. Tinha sete filhos e três filhas. Era imensamente rico. Tinha 7,000 ovelhas, 3,000 camelos, 500 pares de bois, 500 asnos, e muitissimos trabalhadores. Era o mais rico de toda a região". De vez em quando oferecía sacrifícios de animais a Deus, para pedir-lhe perdão pelos pecados de seus filhos, porque se dizia: "¡Quem sabe se algum de meus filhos haja desgostado ao Senhor con algum pecado!". Um dia se reuniu Deus no Céu com seus anjos e disse-lhes: ¿Têm visto o meu amigo Job? Não há ninguém na terra tão bom como ele. ¡Tem grande temor de ofender-me e se afasta do mal! ¡Mas Satanás chegou e disse a Deus: É porque o tratas demasiado bem. Lhe concedeste enorme quantidade de animais, e de pessoas. Assim qualquer se porta bem. Mas permite-lhe que se lhe acabem suas riquezas, e verás como se portará mal!". - E Deus disse a Satanás "Te concedo permissão para que o ataques nos seus bens, nos seus animais e pessoas que o servem. Mas cuidado ¡A ele não lhe vais tocar!". E um dia em que seus sete filhos e suas três filhas estavam celebrando um almoço em casa do filho mais velho, chegou correndo um mensageiro a dizer a Job: "Seus bois estavam arando, e suas asnas estavam pastando no prado e chegaram os guerrillheiros e mataram aos trabalhadores e roubaram todos os animais. Somente eu consegui fugir para trazer-te a notícia".
Ainda estava este a falar quando chegou um segundo operário e lhe disse: "Cairam raios do céu e mataram todas as suas ovelhas e aos seus pastores. Somente eu pude sair fugindo para lhe trazer a notícia".
Ainda estava falando o anterior quando chegou outro que lhe disse: "Os inimigos do país vizinho se dividiram em três esquadrões e atacaram os camelos, mataram aos arrieiros, e levaram todos os animais. Unicamente eu logrei fugir para vir contar-lhe a notícia".
Não havia terminado este de falar quando chegou um quarto mensageiro e disse: "Seus sete filhos e suas três filhas estavam almoçando em casa do filho mais velho e caiu o tecto e os matou a todos".
Job se levantou, rasgou suas vestes em sinal de tristeza; rapou a cabeça em sinal de dor e exclamou: "Nú saí do ventre de minha mãe. Sem nada voltarei ao sepulcro. Deus me deu, Deus me tirou. Bendito seja Deus".
E em tudo isto não pecou Job, nem disse nenhuma palavra contra Deus que havia permitido que lhe sucedessem tantas desgraças. Se voltou Deus a reunir com seus anjos no Céu e lhes disse: "¿Viram o meu amigo Job? Não há ninguém tão santo como ele na terra. Tem grande temor de ofender-me e se afasta sempre do mal. ¡E ainda que eu tenha permitido que lhe sucedam tantos sofrimentos, não se aparta de minha amizade!". Mas chegou Satanás e lhe disse: "Sim, se conserva assim porque goza de boa saúde. ¡Mas permíte-me tirar-lhe a saúde e verás que agora se maldiz e se portará mal!". - E Deus lhe disse - Podes tirar-lhe a saúde. ¡Mas cuidado: respeita-lhe a vida!.
E a Job lhe chegou uma doença na pele, que se formou numa só chaga desde a cabeça até aos pés. Teve que ir a sentar-se junto a uma lixeira, e con un pedaço de telha se coçava, e vivía entre o lixo. e até sua mulher o desprezava e lhe dizia: "¡Maldiga sua sorte e morra!".
Mas Job lhe respondeu: Se aceitamos de Deus os bens, ¿Porque não vamos a aceitar os males que Ele permite que nos sucedam?.
E em tudo isto não pecou Job com seus lábios ou suas palavras.
E eram tais suas angústias e os desprezos que lhe faziam, que quando amanhecia exclamava: "¿Quando anoitecerá para que não me desprezem nem se riam mais de mim?". E quando anoitecia dizia: "¿Quando amanhecerá para que não me atormentem mais os pesadelos e espantos?". E tudo isto lhe sucedia, sendo ele tão santo.
Ao saber tão tristes notícias, chegaram três amigos desde diversos sítios, a consolá-lo. E ao vê-lo tão acabado, lançaram gritos de angústia, rasgaram suas vestes em sinal de dor, deitaram pó na cabeça como penitência, e ali ficaram sete días, sentados no chão, sem dizer palavra, cheios de dor.
E depois os três amigos começaram um diálogo em verso, dizenndo cada um a que se deviam provavelmente aqueles infortúnios tão terriveis do pobre Job. E tiraram como consequência final que provavelmente ele havia sido muto pecador e que por isso era que estava desgostado Deus. Job respondeu com fortes exclamações que essa não era a causa de suas desgraças. Que ele se havia esmerado durante toda sua vida por comportar-se de uma maneira que fosse agradável a Deus. Que havia compartilhado seus bens com os pobres. Que seu desejo de manter-se puro era tão sincero que havia feito um pacto com seus olhos para não ver a mulheres jóvens. E dizia: "estou certo que um dia, com estes olhos verei a meu Deus". Num momento de emoção Job chega a dizer a Deus que a ele lhe parece que Nosso Senhor foi exagerado no modo de o fazer sofrer. Que sendo Deus tão poderoso porque se vinga de um pobrezito tão miserável como ele. E então intervém Deus e lhe responde fortemente a Job que a criatura não tem porque pedir contas ao Criador, e começa a voz de Deus a fazer uma descrição maravilhosamente poética dos seres que Ele há criado. "¿Quando eu fiz o universo onde estavas tu? ¿Quando fiz o mar e os animais que o enchem, por onde andavas a essa hora?". E logo Deus vai descrevendo a imponência do crocodilo e do rinoceronte, e as astúcias dos animais selvagens, e pergunta a Job: "Quando eu fiz a todos estes animais, onde estavas tu, para que agora me venhas a pedir conta do que eu faço? ¿Quem é este que se atreve a discutir-me?". Job se dá conta de que fez mal em pôr-se a pedir contas a Deus e lhe disse humildemente: "Senhor: me hei posto a falar o que não devia dizer. Retracto minhas palavras. Me arrependo do que disse ao protestar. Te peço perdão humildemente, meu Senhor".
Então Deus voltou a falar com voz amável, e disse aos amigos de Job: "Ofereçam-me um sacrifício para pedir-me perdão pelo que disseram contra meu amigo Job. E pelas orações de ele, eu lhes perdoo".
Logo Deus lhe concedeu a Job o dobro dos bens dos que antes havia tido. Vieram todos seus familiares de perto e de longe e cada um lhe trouxe um presente e uma barra de prata, e um anel de ouro e celebraram um grande banquete em sua honra. E Deus abençoou outra vez a Job e lhe concedieu 14,000 ovelhas, 6,000 camelos, 1,000 pares de bois, e 1,000 asnos. Se casou de novo e teve sete filhos e três filhas. E suas filhas foram as mulheres mais belas de seu tempo.
E Deus lhe concedeu a Job uma longa vida. Viveu até aos 140 anos. E conheceu aos netos, aos bisnetos e aos tataranetos. E morreu em feliz anciã idade e cheio de alegria e paz.
Solange de Bourges, Santa
Virgem e Mártir, Maio 10
Solange de Bourges, Santa
Solange de Bourges, Santa

Virgem e Mártir

Etimologicamente significa” sola”. Vem da língua latina.
A esta rapariga francesa, nascida em Bourges, França, e que morreu em 10 de Maio do ano 880, o Senhor lhe concedeu muitos dons além dos que já tinha por sua natureza encantadora, beleza impressionante e boa trabalhadora. Não lhe faltaram muitos pretendentes. Os recusou a todos porque queria viver em estado de virgindade. Ainda assim, teve suas dificuldades. Uma delas foi o encontro com o conde Gothie. Ia passeando pelo campo e, ao vê-la tão guapa, ficou alucinado. E sem duvidar, lhe disse que se casaria com ela. A rapariga interrompeu sua oração para dizer-lhe que prefería manter-se virgem.
Desde logo que há que ter as ideias claras e a vontade forte para recusar a petição de mãos de um conde.
Mas o conde, de boas formas aparentes, era todo um animal. Não quería dar-se por vencido. A viu várias semanas, visitou a seus pais.
Tudo foi inútil. Então maquinou em seu malvado coração raptá-la. E estando apascentando o gado, se apresentou bruscamente, a sentou no seu cavalo e fugiu. A rapariga, uma forte camponesa, lhe fez frente quando intentou abusar dela. Quando passavam por um rio, fez um esforço muto grande e se cairam os dois.
Todo o mundo se ria de sua torpeza e de suas poucas habilidades para sair desse sítio. Não obstanteconseguiu sair da corrente do rio que havia ao fundo da torrente. Enfurecido por não haver podido violá-la, apanhou-a e lhe cortou a cabeça com sua espada. O vício cega os olhos da alma. ¡Felicidades a quem leve este nome!
Iván Merz, Beato
Laico, Maio 10
Iván Merz, Beato
Iván Merz, Beato
Nasceu em Banja Luka em 16 de Dezembro de 1896, na Bósnia ocupada pelo império austro-húngaro, numa família liberal; foi baptizado em 2 de Fevereiro de 1897. No ambiente multi-étnico e multi-religioso de sua cidade natal realizou seus estudos de primária e secundária, que terminou quando em Sarajevo era assassinado o príncipe herdeiro Francisco Fernando (28 de Junho de 1914). Por vontade de seus pais, e não sua, entrou na Academia militar de Wiener Noustadt, que abandonou depois de três meses, molestado pela corrupção do ambiente. Em 1915 iniciou os estudos na universidade de Viena, aspirando a ser professor, para poder dedicar-se à instrução e educação dos jóvens na Bósnia, seguindo o exemplo de seu professor Ljubomir Marakovic, de quem ele sentia uma profunda gratitude por havê-lo ajudado a descobrir as riquezas do catolicismo.
Em Março de 1916 teve que enrolar-se no exército. Foi enviado à frente italiana, onde passou a maior parte dos anos 1917 e 1918. Ao concluir a primeira guerra mundial se encontrava em Banja Luka, onde viveu a mudança política e o nascimento do novo Estado jugoslavo. A experiência da guerra fêlo amadurecer espiritualmente, pois, impressionado pelos horrores dos que foi testemunha, pondo-se nas mãos de Deus, se propôs entender com todas suas forças à perfeição cristã. Se pode seguir seu desenvolvimento espiritual graças a seu diário íntimo, que começou a escrever durante seus estudos de secundária e prosseguiu no exército, na frente e durante os estudos universitários. Nele se aprecia que sua santidade não foi fácil, que teve que lutar muito por seu ideal.
O atormentava o problema do amor e logo o da dor e a morte, que resolvía à luz da fé.
"Não tenho a santa Eucaristía -escreve em 9 de Setembro de 1917-. Vivo aquí como um pagão ou uma fera, como se o Agnus não fosse já o centro do cosmos, como se não existisse para nada. Deus Consolador, vem a compenetrar minha natureza com átomos de eternidade, para que, mais semelhante a ti, compreenda o curso de minha existência". Em 5 de Fevereiro de 1918, estando na frente de batalha, escreveu no seu diário: "Nunca olvidar-se de Deus. Desejar sempre unir-se a Ele. Cada dia, preferentemente pela alba, dedicar-se à meditação, à oração, talvez cerca da Eucaristía ou durante a santa missa. Nesses momentos se hão-de fazer os projectos para a jornada que começa, se examinam os próprios defeitos, e se pede a graça para superar todas as debilidades. Seria terrível que esta guerra não me produzisse nenhum efeito positivo... Devo começar uma vida regenerada com o espírito do novo conhecimento do catolicismo. Confío só na ajuda do Senhor, porque o homem não pode fazer nada por si mesmo". Después de la primera guerra mundial prosiguió sus estudios de filosofía en Viena (1919-1920); luego se trasladó a París, donde estudió en la Sorbona y el Instituto Católico (1920-1922). Con su tesis sobre "la influencia de la liturgia en los escritores franceses desde Chateaubriand hasta nuestros días", obtuvo el doctorado en filosofía en la universidad de Zagreb (1923). Durante el resto de su breve vida fue profesor de lengua y literatura francesa y alemana en el Instituto arzobispal de Zagreb, realizando con entrega ejemplar sus deberes de estado. Colaboró como apóstol de los jóvenes, primero en la Liga de los jóvenes católicos croatas, y luego en la Liga croata de las Águilas, que impulsó y con la que inauguró en Croacia la Acción católica promovida por el Papa Pío XI. Según él, la Organización debía contribuir ante todo a formar una élite de apóstoles de la santidad. Con ese fin debía servir también para la renovación litúrgica, de la que fue uno de los primeros promotores en Croacia, anticipando cuatro décadas las directrices del concilio ecuménico Vaticano II en esa materia. En su trabajo no le faltaron incomprensiones y dificultades de diversos tipos, que afrontaba con una serenidad admirable, fruto de su continua unión con Dios en la oración. En opinión de quienes lo conocían bien, "con su mente y su corazón se hallaba inmerso en lo sobrenatural". Convencido de que el medio más eficaz para la salvación de las almas es el sufrimiento ofrecido al Señor, ofrecía sus penas físicas y morales para obtener la bendición de sus actividades apostólicas, y, ya cerca de su muerte, ofreció también su joven vida por sus Águilas. Murió en Zagreb el 10 de mayo de 1928, a los 32 años de edad, con fama de santidad. Beatificado el 22 de Junio de 2003 por S.S. Juan Pablo II. Reproducido con autorización de Vatican.va
Enrique Rebuschini, Beato
Sacerdote, Maio 10
Enrique Rebuschini, Beato
Enrique Rebuschini, Beato

Sacerdote Camilo

(Servos dos Enfermos de S. Camilo)
Enrique havia nascido em 28 de Abril de 1860 no norte de Itália, em Gravedona, na orla noroeste do lago Como. Seu pai, Domingo, empregado de intendência antes de chegar a ser inspector chefe de impostos da província de Como, não é partidário da religião, e quando acompanha a sua mulher à igreja, fica cá fora. Sua mãe, Sofía, cristã exemplar, é oriunda de Liorna, em Toscana. Desse matrimónio haviam nascido cinco filhos, sendo Enrique o segundo. No final de seus estudos secundários, ao não poder seguir sua inclinação pela vida religiosa a causa da oposição de seu pai, Enrique se matricula na Faculdade de Matemáticas da Universidade de Pavía. De carácter tranquilo e bem educado, somente permanece um ano na Faculdade, cujo anticlericalismo lhe produz amargura e decepção.
Assim pois, regressa a Como e cumpre seu serviço militar como voluntário durante um ano. Em seus tempos livres, uisola-se voluntariamente com a oração e as boas leituras. Após sua formação na Escola Militar de Milão, obtém o diploma de sub-tenente de reserva, estimado por seus superiores, que o animam a fazer carreira no exército. Mas, ao regressar com sua família, prefere seguir estudos de contabilidade, que culminam em 1882 com um diploma e com notas bastante altas. Un camino que no le conviene El marido de su hermana Dorina, que dirige una sedería a 45 km al norte de Como, lo acoge en su casa y le ofrece un empleo como administrativo. Las relaciones entre Enrique y la familia de su hermana son muy cordiales. Sin embargo, al cabo de tres años, algunos indicios dejan entrever que el joven tiene problemas. Hay tristeza en su mirada. A su padre le confiesa que ese trabajo en la industria y en el comercio no le convienen, y a sus 24 años escribe a su cuñado lo que sigue: «Cuando pienso que voy a ser un lastre en lugar de servir de ayuda..., el hecho de saber también que mis padres nunca estarán tranquilos mientras permanezca en un camino que no conviene a mi naturaleza (y que me hace desgraciado), todo ello me ha persuadido de que debía renunciar a él, por el bien de papá y de mamá, por tu bien y por el mío. Y te digo esto con el corazón compungido» (9 de agosto de 1884). Los problemas de Enrique no proceden de la elección de una profesión adecuada a sus aptitudes y a sus inclinaciones, sino de su tenaz atracción por la vida religiosa, atracción entorpecida a causa de una fuerte oposición por parte de su padre. A pesar de todos los esfuerzos por aceptar su suerte, cae muy pronto en un estado de abatimiento moral, y adelgaza tanto que parece estar convaleciente de una enfermedad. Finalmente, durante el verano de 1884, el padre termina «rindiéndose», después de largas discusiones con su hijo y tras la intervención del beato Guanella (sacerdote promotor de obras sociales, beatificado en 1964), que había encomendado a todos los monasterios de Como que se rezara por esa vocación. Tres meses después de dejar su empleo, Enrique se matricula en la Universidad Gregoriana de Roma, con objeto de seguir, con éxito, estudios eclesiásticos. Allí consigue la estima de los profesores, recibiendo las órdenes menores con la siguiente mención: «Conducta edificante y muy buen espíritu de Iglesia». Hacia finales del año 1885, sus padres y su tía Magdalena se desplazan a Roma, alegrándose de encontrarlo satisfecho y sereno. Magdalena anota en su diario: «Enrique está contento y alegre. Entiendo por qué se siente de ese modo. Está seguro de encontrarse en el camino que Dios le ha preparado». Oprimido Un obstáculo imprevisto surge de repente: entre marzo de 1886 y mayo de 1887, Enriquesanta Teresa de Jesús llegaba a un convento carmelita y encontraba tensiones y combates espirituales, exigía a las monjas que durmieran una hora más al día. Efectivamente, porque el cansancio disminuye nuestra capacidad de resistencia, nos vuelve frágiles y aumenta nuestra vulnerabilidad. Una de las armas que utiliza el diablo en el combate espiritual es precisamente sobrecargarnos, con la apariencia de que ello es bueno. Enrique regresa con su familia, permaneciendo también un tiempo en una clínica. En el diario de Magdalena podemos constatar las siguientes anotaciones: son «momentos en los que la mano de Dios se ha mostrado pesada sobre nosotros y nos ha sumergido en el dolor... ¡Cuántos meses de silencio y de sufrimiento! Ojalá Dios ponga término a esto y nos devuelva nuestro tesoro». Ocho años más tarde, al evocar aquella etapa, Enrique escribirá: «Me mandaron a una clínica de reposo; en ese lugar Dios restableció mi salud dándome una total confianza en su infinita bondad y misericordia». Una gran capacidad espiritual Antes de ver cumplida su vocación de religioso hospitalario, Enrique prueba la amargura del sufrimiento. Al igual que en nuestros días el Papa Juan Pablo II, habría podido decir: «También yo conozco, por haberlo probado personalmente, el sufrimiento causado por la incapacidad física, la debilidad propia de la enfermedad, la falta de energía para el trabajo y el hecho de no sentirse en forma para llevar una vida normal. Pero también sé, y quisiera que se entendiera, que ese sufrimiento tiene igualmente otro aspecto sublime, y es que otorga una gran capacidad espiritual; porque el sufrimiento supone una purificación para sí mismo y para los demás, y si se vive en su dimensión cristiana, puede transformarse en un don que se ofrece para completar en la propia carne lo que faltara a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia (cf. Col 1, 24). A vosotros, queridos enfermos de todos los rincones del mundo, deseo anunciaros la presencia viva y consoladora del Señor. Vuestros sufrimientos, recibidos y aceptados con fe inconmovible, unidos a Cristo, adquieren extraordinario valor para la vida de la Iglesia y el bien de la humanidad» (Mensaje con motivo de la Ia Jornada Mundial del Enfermo, 11 de febrero de 1992). En mayo de 1887, la crisis se resuelve y Enrique recobra por completo la salud. Tendrá algunas recaídas, pero menos prolongadas y menos graves. Debe tenerse en cuenta que en aquella época no había remedios específicos contra ese tipo de enfermedades, por lo que aquella tribulación fue superada gracias a un conocimiento progresivo cada vez más exacto de Dios, cuya consecuencia fue una relación filial basada en la confianza. El mejor rasgo de la espiritualidad de nuestro beato será en adelante considerar el océano infinito de la misericordia del Corazón de Jesús y de la ternura maternal de nuestra Madre, la Santísima Virgen María, a quien la Iglesia invoca con el nombre consolador de «salud de los enfermos». Durante el verano de 1887, Enrique trabaja como empleado en el hospital de Como. Pero, poco tiempo después, se deshacen amablemente de él, porque, en lugar de trabajar en lo que le corresponde, pasa el tiempo en las salas del hospital, a la cabecera de los enfermos más pobres, más necesitados y aislados, para quienes sacrifica hasta el último céntimo del que puede disponer, e incluso su ropa personal; también multiplica sus visitas a domicilio a los pobres y a los enfermos. Su vocación de religioso hospitalario nace precisamente del contacto con esos sufrimientos. es atacado por una grave depresión nerviosa. Su generosa alma y su sentido del deber, que no admite medias tintas, le mueven a realizar penitencias excesivas, sin tener demasiado en cuenta su fragilidad. En realidad necesitaría alimentarse mucho más, pero se esfuerza en imitar, incluso en sobrepasar, los ejemplos de austeridad que observa a su alrededor, por lo que desemboca en un estado de agotamiento nervioso y mental que suele ser causa de depresión. Ya en su época, cuando Abandonado a María Enrique suele anotar en un diario su programa espiritual, inspirado en las vías de perfección propuestas por san Ignacio de Loyola. También escribe estas frases: «La Santísima Virgen, a quien me encomendé para que me encontrara un trabajo que se adaptara a mi debilidad, me consiguió un empleo en los servicios administrativos del Hospital Civil, donde trabajaba algunas horas cada día; el resto del tiempo lo pasaba solo, en ejercicios de piedad...; al ver que no podía continuar de ese modo y sentirme llamado a abrazar la vida religiosa, mi padre espiritual (a pesar de haberle manifestado mi inclinación por la familia religiosa de san Francisco) me propuso la de san Camilo, que le parecía más adaptada a mi circunstancia y también porque temía por mi estado de salud. Así lo hice sin discusión, e inmediatamente la abracé». La lectura de la vida de san Camilo conforta a Enrique en su elección. Camilo de Lelis, nacido en 1550 en el reino de Nápoles y dotado de un vitalidad fuera de lo común, abrazó primero el oficio de las armas; pero poco después cayó en el desenfreno, siendo hospitalizado en el hospital San Jacobo de Roma. Afectado profundamente por la miseria en que estaban sumidos los enfermos, trabajó como enfermero voluntario, consiguiendo agrupar más tarde a algunos compañeros para constituir «la Compañía de los Servidores de los Enfermos» o camilos. Aquejado él mismo de dolores de estómago y de cabeza, de cálculos, de úlceras y de forúnculos casi permanentes, Camilo pasaba por aquellas salas, como enfermo entre los enfermos, atento ante las necesidades de todos. Murió en Roma el 14 de julio de 1614, y la Iglesia lo proclamó patrono de los hospitales, de los enfermos y de las hermanas hospitalarias. El 27 de septiembre de 1887, Enrique Rebuschini, de 27 años de edad, ingresa en los camilos de Verona. La primera actitud que se propone alcanzar es la amabilidad; esa virtud, aunque muy necesaria, no le resulta fácil. Él tiene ya cierta experiencia de trabajo profesional, mientras que sus compañeros de noviciado todavía son adolescentes y aman la libertad, el esparcimiento y el ruido, y tienen gran facilidad en transformar los pensamientos serios en divertidos juegos de palabras. Así pues, se apresta a adoptar una opinión positiva acerca de los demás, a pesar de sus defectos o de sus irritantes actitudes. Es un ideal que a veces le resulta difícil de alcanzar, como él mismo escribe: «Me dejo llevar por arrebatos de antipatía, sobre todo con uno de mis compañeros. En ocasiones, cuando me pregunta por los estudios, en lugar de contestarle con dulzura y de pensar solamente en dar satisfacción a su pregunta con amabilidad, le respondo con irritación: «Me gustaría que no me preguntaras nada»; y ello no es más que el fruto del orgullo, unido a la falta de unión con los míos en el amor. Me gustaría no pensar en otra cosa sino en hacer en todo momento el mayor bien posible». Pero en la realidad de la vida cotidiana, su resolución de amabilidad es vencida con frecuencia por tentaciones de juicios temerarios, por sentimientos de antipatía, etc. Pero él no se deja vencer por esas luchas, sino que renueva su intención de ver en los demás el templo de Dios, mira el crucifijo y recobra valientemente la lenta labor de dulcificación del corazón. Recaídas Su bondadoso temperamento le hace merecedor de la estima de sus superiores, quienes, considerando los estudios que ya había cursado en Roma, le ordenan sacerdote durante su noviciado, el 14 de abril de 1889. El obispo de Mantua que le confiere el sacramento de la orden es monseñor Sarto, el futuro Papa Pío X, amigo de los camilos. El acto de profesión perpetua de Enrique tiene lugar el 8 de diciembre de 1891. Sin embargo, el Padre Rebuschini vuelve a recaer en la depresión nerviosa. Esas recaídas son consecuencia de su principal defecto: un carácter perfeccionista que le mueve a un compromiso espiritual que no considera suficientemente su fragilidad nerviosa. Padece una nueva depresión durante los años 1890 y 1891, sufriendo mucho a causa de una tribulación espiritual, provocada por una excesiva concentración en el concepto de la eternidad, siendo tentado con fuerza por la idea de verse reprobado. Gracias a su nombramiento como capellán de hospital consigue recobrar el equilibro y la serenidad, lo que le ayuda a olvidarse de sí mismo y a dedicarse a las miserias del prójimo. Pero una nueva crisis se manifiesta en 1895. A pesar de haber sido nombrado vicemaestro de los novicios y profesor de teología, se considera incapaz, por desconfianza hacia sí mismo, de asumir sus responsabilidades, de lo cual se deriva un estado de continua tensión. Sus superiores se ven obligados a librarlo de esas cargas y, gracias a Dios,1922, un largo período de responsabilidades difíciles y de sobrecarga de trabajo será la causa de una última depresión, que verá superada en pocos meses. Ante esas manifestaciones depresivas cabría la tentación de pensar que el Padre Enrique tenía un temperamento melancólico y vacilante, pero hay que considerar que entre las crisis de 1895 y de 1922 transcurren más de veinte años de actividad normal, en el transcurso de los cuales asume de manera admirable y con gran generosidad pesadas responsabilidades. Después, de 1922 hasta su muerte en 1938, durante dieciséis años, da más que nunca la impresión de sólido equilibrio y de plena serenidad. El Padre José Moar, compañero suyo durante los últimos siete años de su vida, afirmó en el proceso de beatificación que tuvo conocimiento de las depresiones que había sufrido el Padre Rebuschini por las biografías. «Cuando lo conocí era una persona equilibrada y nada contradictoria. Nunca se me habría ocurrido pensar que hubiera podido tener depresiones». A través de sus sufrimientos, el Padre Enrique tuvo ocasión de poner en práctica los principios de sabiduría cristiana que el Santo Padre Juan Pablo II da a los enfermos: «Queridos enfermos, me gustaría depositar en vuestras memorias y en vuestros corazones tres pequeñas aclaraciones que considero valiosas. En primer lugar, cualquiera que sea vuestro sufrimiento, físico o moral, personal o familiar, apostólico o incluso eclesial, interesa que toméis lúcida conciencia de él, sin minimizarlo ni agrandarlo, y con todas las conmociones que engendra en vuestra sensibilidad humana: fracaso, inutilidad de vuestra vida, etc. A continuación, es fundamental avanzar por el camino de la aceptación. Sí, aceptar que así sea, pero no por resignación más o menos ciega, sino porque la fe nos garantiza que el Señor puede y quiere obtener el bien a partir del mal. Por último, queda por hacer el mejor de los gestos: el de la oblación. Esa ofrenda, realizada por amor a Dios y a nuestros hermanos, permite alcanzar un grado (muy elevado en ocasiones) de caridad teologal, es decir que permite perderse en el amor de Cristo y de la Santísima Trinidad por la humanidad. Esas tres etapas que viven los sufrientes, cada uno según su ritmo y su gracia, les aportan una sorprendente liberación interior. Acaso no es ésa la enseñanza paradójica referida en los Evangelios según la cual Quien pierde su vida por mí la encontrará?» (Mensaje a los enfermos: Lourdes, 15 de agosto de 1983). No había manera de resistirse En 1890, el Padre Enrique es nombrado capellán de los hospitales militar y civil de Verona. Tanto los clérigos como las religiosas, así como los soldados, lo consideran un santo. Pero su santidad es, en sí misma, la más silenciosa de las que puedan imaginarse para un capellán, ya que no está basada en actos notorios, sino —en primer lugar— en la ejemplaridad de su vida en el servicio que aporta a los enfermos. En su apostolado, el Padre Enrique posee el don de conmover los corazones más endurecidos, de lo que da testimonio el párroco de Vescovato: «En más de una ocasión coincidí junto al Padre Enrique en la cabecera de algún enfermo. Resultaba que mis feligreces a quienes no había podido dar los sacramentos en sus casas (en aquel tiempo la parroquia de Vescovato tenía fama de ser «difícil»), se confesaban y comulgaban con serenidad y gozo cuando estaban en la clínica, y cuando les preguntaba cómo se habían decidido a hacerlo, me contestaban que con un sacerdote como el Padre Enrique no había manera de resistirse, porque poseía las palabras y las actitudes para convencerlos». El éxito del Padre Rebuschini con las almas se explica por su unión a Dios, en especial por la celebración piadosa de la Santa Misa, el rezo fervoroso del breviario, la adoración del Santísimo Sacramento y un destacado amor hacia la Santísima Virgen. Cuando se arrodilla lo hace con gran respeto, y cuando en la Misa llega el momento de elevar al Santísimo, se detiene un momento en adoración. El Padrenuestro, que nos hace rezar con las mismas palabras que empleó Jesús, es para él el momento más emocionante del Santo Sacrificio. A principios de mayo de 1899, el Padre Enrique es destinado al convento de Cremona, donde se le confía el cargo de capellán de las hermanas camilas. El año siguiente, su superior le nombra –además– ecónomo de su convento. El Padre Enrique es ante todo un hombre de vida interior y de oración, pero desempeña ese cargo –que no es de su agrado– por cumplir la voluntad de Dios. No tiene a su disposición ni despacho ni secretarios, pero puede apoyarse en la colaboración de algunos hermanos activos e inteligentes. De ordinario se encarga de comprar diversos productos, de arreglar las averías de fontanería y de electricidad, de garantizar el funcionamiento del bloque operatorio de la clínica, de rentabilizar el huerto y el gallinero, de vigilar la evolución del vino en las bodegas y de preparar los sobres de los salarios. Pero, con el correr de los años, no faltan los trabajos extraordinarios, como son renovar la cocina, conectarse a la red eléctrica de la ciudad, reparar las cubiertas o instalar la calefacción central, sin contar con las dificultades sobrevenidas a causa de la quiebra del banco donde se hallan depositados los modestos ahorros de la comunidad... Optimista, por norma La administración del Padre Enrique se basa en algunos principios referidos por su sucesor en el cargo de ecónomo: «Me enseñó unos criterios de prudencia para gestionar la economía de la casa; quería, por ejemplo, que se comprara siempre buena mercancía, con objeto de servir adecuadamente a los enfermos, y que se pagara enseguida... Era por norma optimista en su opinión sobre los demás, y se resignaba a desgana a constatar el mal del prójimo, excusando siempre su intención». Un abogado cuenta de él lo que sigue: «El Padre vino a consultarme en Cremona para emplear mis servicios profesionales a una causa civil relacionada con una herencia a favor de la clínica San Camilo, cuya validez era cuestionada por los herederos. Tuve diferentes ocasiones de ver al Padre y de tratar con él... Me pareció siempre extraordinariamente sencillo y de un desprendimiento poco común de las cosas y de los intereses mundanos... Recuerdo la edificante impresión que me llevé cuando se me requirió para encargarme de esa herencia. Demostraba que velaba por los intereses de la casa, pero al mismo tiempo destacaba por su bondad en su manera de actuar y por la total ausencia de espíritu quisquilloso». Atentos con los que sufren El Padre Rebuschini ejerció el cargo de ecónomo durante 35 años, hasta 1937, pero a partir de 1938 sus fuerzas empiezan a decaer; tiene 78 años de edad. «Los últimos días del Padre Enrique fueron marcados por una serenidad ejemplar y un perfecto abandono a la divina Providencia» –según contó, durante el proceso de beatificación, un neuropsiquiatra que estudió su vida desde el punto de vista médico. En los primeros días de mayo, tras haber recibido el sacramento de los enfermos, el Padre Enrique pide perdón a todos por los malos ejemplos que hubiera podido dar, por sus imperfecciones y por todas las ofensas que hubiera podido cometer. Pide igualmente que recen por él, dejando en manos de Dios la evaluación de su vida pasada. El 9 de mayo, a las seis, el Padre Vanti celebra Misa en su habitación y, en el momento de recibir la comunión, el moribundo extiende los brazos, recibe el Cuerpo del Señor con enorme fervor y luego cruza los brazos y se queda absorto en la oración. El supremo encuentro con su amado Señor acontece el 10 de mayo a las 5,30 horas. «Su ejemplo –dirá de él el Santo Padre en el momento de su beatificación– constituye para todos los creyentes una llamada imperiosa a ser atentos con los enfermos y con los que sufren en su cuerpo y en su espíritu». Foi beatificado por S.S. João Paulo II em 4 de Maio de 1997.