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quinta-feira, 9 de julho de 2009

AGUSTIN ZHAO RONG, Santo (+ 198 chineses)

Caros Amigos: Em aditamento à segunda mensagem que publiquei hoje sobre os Santos do Dia, na qual informava que ainda não havia encontrado referências sobre S. Agustín Zhao Rong, mas que o faria logo que encontrasse algo, finalmente consegui-o, tendo bastado para isso clicar na referência inserta na biografia de Santo Antonino Fantosati, Bispo e Mártir que transcrevi no passado dia 7 e que dizia: Foi canonizado (Antonino Fantosati,...) em 1 de Outubro de 2000 junto a outros
...fácil, não era ? mas só agora o descobri
...e apenas o que segue:
Santo Agustín (Agostinho) Zhao Rong
Sacerdote diocesano chinês que, sendo antes um dos soldados que escoltaram a Monsenhor Dufresse desde Chengdu até Beijin, havia ficado impressionado pela paciência deste e havia pedido para ser contado entre os neófitos: uma vez baptizado, foi mandado para o Seminário e depois foi ordenado sacerdote. Foi depois preso, sofreu crueis suplícios e acabou por morrer em 1815.
Já agora e para não andar novamente à procura, vou aqui acrescentar a referida lista conforme está indicada na Referência acima:
Mártires de China, Santos 120 Mártires de China, 28 Setembro (*)
(*) lista recolhida em 7/Julho/2009
Desde as mais remotas orígens do povo chinês (era a metade do terceiro milénio antes de Cristo) o sentimento religioso era o Ser Supremo e a piedade filial e devota era os antepassados defuntos são as características mais relevantes de sua cultura milenária.
Esta nota de neta religiosidad se encuentra, más o menos, en los chinos de todos los siglos, hasta el nuestro, cuando bajo el influjodel ateísmo occidental, algunos intelectuales, especialmente los educados en el exterior, han querido desprenderse, como algunosde sus maestros occidentales, de cualquier idea religiosa.
El Evangelio se anunció en China en el siglo V y, a primerosdel VII, se erigió allí la primera iglesia. Durante la dinastía T´ang(618-907) la comunidad de los cristianos estuvo floreciente durante dos siglos. En el XIII la comprensión del pueblo chino y de sus culturas, que supo tener un misionero como Juan de Montecorvino, lograron que se pudiera dar impulso a la primera misión católica en el «Reino del medio» con sede episcopal en Beijin.
No es de extrañar que, especialmente en la época moderna (es decir, desde el siglo XVI, cuando las comunicaciones entre oriente y occidente comenzaron a ser en cierto modo más frecuentes), haya existido por parte de la Iglesia Católica el deseo de llevar a este pueblo la luz del Evangelio, a fin de que ésta enriqueciese aún más el tesoro de tradiciones culturales y religiosas tan ricas y profundas.
Así pues, a partir de las últimas décadas del siglo XVI, varios misioneros católicos fueron invitados a China: se habían elegido con gran esmero personas como Matteo Ricci y otros, teniendo en cuenta, además de su espíritu de fe y de amor, sus capacidades culturales y sus cualidades en diversos campos de la ciencia, en especial de la astronomía y de la matemática.
De hecho, gracias a éstos y al aprecio que demostraron los misioneros por el notable espíritu de investigación presente en los estudiosos chinos, pudieron establecerse relaciones de colaboración científica muy provechosas.
Éstas sirvieron a su vez para abrir muchas puertas, incluso las de la corte imperial, y para así entablar relaciones muy útiles con varias personas de grandes capacidades.
La calidad de la vida religiosa de estos misioneros fue lo que indujo a no pocas personas de alto nivel a sentir la necesidad de conocer mejor el espíritu evangélico que los animaba y, luego, de instruirse en los postulados de la religión cristiana: lo cual se hizo de manera conveniente a sus características culturales y a su modo de pensar.
A finales del siglo XVI y primeros del XVII, fueron numerosos los que, una vez adquirida la debida preparación, pidieron el bautismo y llegaron a ser cristianos fervientes, manteniendo siempre con justo orgullo su identidad de chinos y su cultura.
El cristianismo se vio en aquel período como una realidad que no se oponía a los más altos valores de las tradiciones del pueblo chino, ni se superponía a ellos, sino que los enriquecía con una nueva luzy dimensión.
Gracias a las óptimas relaciones existentes entre algunos misioneros y el mismo emperador K´ang Hsi; gracias a sus servicios prestados por restablecer la paz entre el «zar» de Rusia y el «hijo del cielo», o sea el emperador, éste promulgó en 1692 el primer decreto de libertad religiosa, en virtud del cual todos sus súbditos podían seguir la religión cristiana y todos los misioneros podían predicarla en sus vastos dominios.
Como consecuencia, la acción misionera y la difusión del mensaje evangélico se desarrollaron notablemente y fueron muchos los chinos que, atraídos por la luz de Cristo, pidieron recibir el bautismo.
Pero desgraciadamente la cuestión espinosa de los «ritos chinos», irritó sobremanera al emperador K´ang Hsi y preparó la persecución (fuertemente influenciada por la del vecino Japón), que en unos sitios más en otros menos, abierta o solapada, violenta o velada,se extendió prácticamente con sucesivas oleadas desde la primera década del siglo XVII hasta la mitad del siglo XIX, matando a misioneros y a fieles laicos y destruyendo no pocas iglesias.
Fue exactamente el 15 de enero de 1648 cuando los Tártaros Manciù, habiendo invadido la región del Fujian y mostrándose hostiles a la religión cristiana, dieron muerte al San Francisco Fernández de Capillas, sacerdote de la Orden de los Frailes Predicadores. Después de haberlo encarcelado y torturado, lo decapitaron mientras rezaba con otros los misterios dolorosos del Rosario. El San Francisco Fernández de Capillas ha sido reconocido por la Santa Sede como Proto mártir de China. Hacia la mitad del siglo siguiente, el XVIII, otros cinco misioneros españoles, que habían ejercido su actividad entre los años 1715-1747, fueron también asesinados como resultado de una nueva ola de persecución iniciada en 1729 y con secuaces más encarnizados en 1746.
Era la época de los emperadores Yung-Cheng y de su hijo K´ien-Lung. San Pedro Sans i Iordà, O.P., Obispo, martirizado el 26 de mayo de 1747 en Fuzhou. San Francisco Serrano, O.P., Sacerdote, San Joaquín Royo, O.P. Sacerdote, San Juan Alcober, O.P., Sacerdote, San Francisco Díaz, O.P. Sacerdote, los cuatro fueron matados el 28 de octubre de 1748 en Fuzhou. Una nueva fase de régimen de persecución en relación con la religión cristiana se desató posteriormente en el siglo XIX. Mientras algunos Emperadores de los siglos precedentes habían autorizado el catolicismo, el Emperador Kia-Kin (1796-1821) publicó en cambio numerosos y severos decretos en contra.
El primero se remonta al 1805; dos edictos del 1811 iban dirigidos contra aquellos de entre los chinos que hacían los estudios para recibir las órdenes sagradas y contra los sacerdotes que propagaban la religión cristiana. Un decreto del 1813 exoneraba de cualquier castigo a los apóstatas voluntarios, es decir, a los Cristianos que declaraban espontáneamente que abandonaban la fe cristiana, pero amenazaba a todos los demás.
En este período sufrió el martirio el San Pedro Wu, laico catequista, chino, nacido de familia pagana, recibió el bautismo en 1796 y pasó el resto de su vida anunciando la verdad de la religión cristiana. Todas las tentativas para hacerlo apostatar fueron vanas.
Emitida contra él la sentencia de muerte, fue estrangulado el 7 de noviembre de 1814. Siguió sus pasos en la fidelidad a Cristo el San José Zhang-Dapeng, laico catequista, comerciante, bautizado en el 1800, llegó a ser después el alma de la misión en la ciudad de Kony-Yang. Encarcelado, murió estrangulado el 12 de marzo de 1815.
Este año (1815) se promulgaron otros dos Decretos, en los que se aprobaba la conducta del Virrey del Sichuan, que había hecho decapitar a Mons. Dufresse, de las Misiones Exteriores de París,y a muchos cristianos chinos. Siguió una persecución más exacerbada. Son de este período los siguientes mártires: San Juan Gabriel Taurin Dufresse, M.E.P., Obispo, arrestado el 18 de mayo de 1815, conducido a Chengdu, condenado y ajusticiado el 14 de septiembre de 1815. San Agustín Zhao Rong, Sacerdote diocesano chino que, siendo antes uno de los soldados que escoltaron a Mons. Dufresse desde Chengdu hasta Beijin, había quedado impresionado por la paciencia de éste y había pedido ser contado entre los neófitos: una vez bautizado, se le mandó al Seminario y después se ordenó sacerdote. Arrestado, sufrió crueles suplicios y después murióen 1815. San Giovanni da Triora, O.F.M., Sacerdote, hecho prisionero junto con otros en el verano del 1815, después condenado a muerte y murió estrangulado el 7 de febrero de 1816. San José Yuan, Sacerdote diocesano chino, el cual, habiendo escuchado a Mons. Dufresse hablar de la fe cristiana, quedó prendado de la belleza de ésta y después llegó a ser un neófito ejemplar. Más tarde, ordenado sacerdote y, como tal, entregado a la evangelización en varios distritos; fue apresado en agosto de 1816, condenado a la estrangulación y matado de esta suerte el 24 de junio de 1817. San Francisco Regis Clet de la Congregación de la Misión que, después de haber obtenido el permiso para ir a las misiones de China, se había embarcado para el Oriente en 1791. Llegado allí, llevó durante treinta años una vida sacrificada de misionero: sostenido por un celo incansable, evangelizó tres inmensas Provincias del Imperio Chino: Jiangxi, Hubei, Hunan. Traicionado por un cristiano, fue arrestado y llevado a prisión donde sufrió atroces suplicios. Mediante sentencia del Emperador fue matado por estrangulación el 17 de febrero de 1820. San Tadeo Liu, Sacerdote diocesano, chino, que se negó a apostatar, diciendo que era sacerdote y quería ser fiel a la religión que había predicado. Condenado a muerte, fue estrangulado el 30 de noviembre de 1823. San Pedro Liu, catequista laico, chino, arrestado en 1814 y condenado al exilio en Tartaria, donde permaneció casi veinte años. Vuelto a la patria, fue de nuevo apresado y estrangulado el 17 de mayo de 1834. San Joaquín Ho, catequista laico, chino, fue bautizado a la edad de casi 20 años. En la gran persecución del 1814 había sido prendido con muchos otros fieles y sometido a crueles torturas. Desterrado a Tartaria, allí permaneció unos 20 años; regresado a la patria fue nuevamente apresado y rehusó apostatar. A continuación, una vez confirmada la sentencia de muerte por parte del Emperador, fue estrangulado el 9 de julio de 1839. San Augusto Chapdelaine, M.E.P., sacerdote de la Diócesis de Coutances. Habiendo ingresado en el Seminario de las Misiones Exteriores de París, se embarcó directamente a China en 1852; llegó a Guangxi a finales del 1854. Arrestado en 1856, torturado, condenado a muerte enjaulado, expiró en febrero de 1856. San Lorenzo Bai Xiaoman, laico, chino, obrero modesto, que acompañó al San Chapdelaine en el asilo que habían ofrecido al misionero y fue con él apresado y conducido al tribunal. Nada pudo hacerlo apostatar. Fue decapitado el 25 de febrero de 1856. Santa Inés Cao Guiying, viuda, había nacido de antigua familia cristiana; habiéndose dedicado a la instrucción de las muchachas jóvenes convertidas por el B. Chapdelaine, fue arrestada y, condenada a morir enjaulada, fue ajusticiada el 1 de marzo de 1856. El 28 de enero de 1858, por orden del mandarín de MaoKou (en la provincia de Guizhou), fueron matados tres catequistas, conocidos como Mártires de MaoKou: San Jerónimo Lu Tingmei,San Lorenzo Wang Bing, Santa Àgueda Lin Zao. Se pidió a los tres que renunciaran a la religión cristiana. Como su respuesta fuese negativa, fueron condenados a la decapitación. El 29 de julio de 1861 sufrieron el martirio simultáneamente dos seminaristas y dos laicos, de los cuales uno era cultivador y la otra una viuda que prestaba sus servicios como cocinera en el seminario. Se los conoce como Mártires de Qingyanzhen (Guizhou): San José Zhang Wenlan, seminarista, San Pablo Chen Changpin, seminarista, San Juan Bautista Luo Tingying, laico, Santa Marta Wang-Luo Mande, laica.
El año siguiente, el 18 y 19 de febrero de 1862, dieron su vidapor Cristo otras 5 personas, conocidas como Mártires de Guizhou,a saber: San Juan Pedro Néel, Sacerdote de las Misiones Exterioresde París, San Martín Wu Xuesheng, catequista laico, San Juan Zhang Tianshen, catequista laico, San Juan Chen Xianheng, catequista laico, Santa Lucía Yi Zhenmei, catequista laica. Mientras tanto habían ocurrido, en el campo de la política, algunos episodios que tuvieron notables repercusiones en la vida de las misiones cristianas. En junio de 1840 el Comisario imperial de Guangdong, queriendo con razón suprimir el comercio del opio, que estaba en manos de los ingleses, había hecho arrojar al mar más de veinte mil cajas de esta droga. Este había sido el pretexto de la guerra inmediata, con victoria de los ingleses. Terminada la guerra, China debió firmar en 1842 el primer tratado internacional de los tiempos modernos, al que siguieron muy pronto otros con América y Francia. Aprovechando la ocasión, Francia sustituyó a Portugal como potencia protectora de las misiones y como consecuencia se promulgó un doble decreto: uno del 1844, por el cual se permitía a los chinos seguir la religión católica, otro del 1846, mediante el cual se suprimían las antiguas penas contra los católicos. La Iglesia pudo entonces vivir abiertamente y ejercer su acción misionera, desarrollándola también en el ámbito de la educación superior, universitaria y de la investigación científica. Al multiplicarse los diversos Institutos culturales de alto nivel y gracias a su actividad muy apreciada, se establecieron gradualmente lazos cada vez más profundos entre la Iglesia y China con sus ricas tradiciones culturales. Esta colaboración con las autoridades chinas favoreció de un modo creciente la mutua estima y participación en aquellos valores que deben regir siempre toda sociedad civil.
Transcurrió así un siglo de expansión de las misiones cristianas, con la excepción hecha del período en que se abatió sobre ellas la desgracia de la insurrección de la «Asociación de la justicia y de la armonía» (conocida comúnmente como de los “Boxers”), que ocurrió al principio del siglo XX y causó el derramamiento de sangre de muchos cristianos. Es sabido que en esta revuelta confluyeron todas las sociedades secretas y el odio acumulado y reprimido contra los extranjeros de los últimos decenios del siglo XIX a causa de las vicisitudes políticas y sociales que siguieron a la «guerra del opio» y a la imposición de los así llamados «Tratados desiguales» por parte de las Potencias Occidentales. Sin embargo fue muy distinto el móvil de la persecución a los Misioneros, aunque fueran de nacionalidad europea. Su matanza fue determinada por una causa puramente religiosa: fueron matados por el mismo motivo con que lo fueron los fieles chinos que se habían hecho cristianos. Documentos históricos indiscutibles ponen en evidencia el odio anticristiano que impulsó a los “Boxers” a asesinar a los Misioneros y a los fieles locales que se habían adherido a su doctrina. Respecto a ellos se emitió un edicto el 1 de julio de 1900, en el cual se decía, en síntesis, que ya había pasado el tiempo de las buenas relaciones con los Misioneros europeos y sus cristianos: que los primeros debían ser repatriados inmediatamente y los fieles obligados a la apostasía, bajo pena de muerte.
Como resultado de esto tuvo lugar el martirio de algunos misioneros y de muchos chinos que se agruparon en los siguientes grupos: a) Mártires de Shanxi, muertos el 9 de julio de 1900, que son Frailes Menores Franciscanos: San Gregorio Grassi, Obispo, San Francisco Fogolla, Obispo, San Elías Facchini, Sacerdote, San Teodorico Balat, Sacerdote, San Andrés Bauer, Hermano Religioso; b) Mártires del Hunan Meridional, muertos el 7 de julio de 1900, también Frailes Menores Franciscanos: San Antonino Fantosati, Obispo, San José María Gambaro, Sacerdote, San Cesidio Giacomantonio, Sacerdote ( 4 julio).
A los mártires franciscanos de la Orden Primera se añaden siete Franciscanas Misioneras de María, de las cuales 3 francesas,2 italianas, 1 belga y 1 holandesa: Santa María Ermellina de Jesús (en el siglo: Irma Grivot), Santa María de la Paz (en el siglo: María Anna Giuliani), Santa María Clara (en el siglo: Clelia Nanetti), Santa María de Santa Natalia (en el siglo: Juana María Kerguin), Santa María de San Justo (en el siglo: Ana Moreau), Santa María Adolfina (en el siglo: Ana Dierk), Santa María Amandina (en el siglo: Paula Jeuris).
De los mártires chinos de la familia franciscana forman parte también 11 Franciscanos seglares, todos chinos: San Juan Zhang Huan, seminarista, San Patricio Dong Bodi, seminarista, San Juan Wang Rui, seminarista, San Felipe Zhang Zhihe, seminarista, San Juan , Zhang Jingguang, seminarista, San Tomás Shen Jihe, laico, sirviente, San Simón Qin Cunfu, catequista laico, San Pedro Wu Anbang, laico, San Francisco Zhang Rong, laico agricultor, San Matías Feng De, laico neófito, San Pedro Zhang Banniu, obrero laico.
A ellos se añaden algunos fieles laicos chinos: San Santiago Yan Guodong, agricultor, San Santiago Zhao Quanxin, sirviente, San Pietro Wang Erman, cocinero.
Cuando la rebelión de los “Boxers”, iniciada en Shandong, difundida luego en Shanxi y en Hunan, llegó también al sudeste de Tcheli, en aquel entonces Vicariato Apostólico de Xianxian, confiado a los Jesuitas, los cristianos matados se cuentan por millares. Entre éstos se encuentran 4 misioneros jesuitas franceses y 52 cristianos laicos chinos, hombres, mujeres y niños, el más anciano de ellos tenía la edad de 79 años, mientras que los dos más jóvenes sólo 9 años.
Todos sufrieron el martirio en el mes de julio de 1909; muchos de ellos fueron matados en la Iglesia del Pueblo di Tchou-Kia-ho, donde se habían refugiado y estaban en oración junto con los dos primeros de los misioneros que a continuación se enumeran: San León Mangin, S.J. sacerdote, San Pablo Denn, S.J., sacerdote, San Remigio Isoré, S.J., sacerdote, San Modesto Andlauer, S.J., sacerdote.
He aquí los nombres y edades de los laicos cristianos chinos: Santa María Zhu, de unos 50 años, San Pedro Zhu Rixin, de 19 años, San Juan Bautista Zhu Wurui, de 17 años, Santa María Fu Guilin, de 37 años, Santa Bárbara Cui Lian, de 51 años, San José Ma Taishun, de 60 años, Santa Lucía Wang Cheng, 18 años, Santa María Fan Kun, de 16 años, Santa María Chi Yu, de 15 años, Santa María Zheng Xu, de 11 años, Santa María Du Zhao, de 51 años, Santa Magdalena Du Fengju, de 19 años, Santa María Du Tian, de 42 años, San Pablo Wu Anjyu, de 62 años, San Juan Bautista Wu Mantang, 17 años, San Pablo Wu Wanshu, de 16 años, San Ramón Li Quanzhen, de 59 años, San Pedro Li Quanhui, de 63 años, San Pedro Zhao Mingzhen, de 61 años, San Juan Bautista Zhao Mingxi, de 56 años, Santa Teresa Chen Tinjieh, de 25 años, Santa Rosa Chen Aijieh, de 22 años, San Pedro Wang Zuolong, de 58 años, Santa María Gou Li, de 65 años, San Juan Wu Wenyin, de 50 años, San Zhang Huailu, de 57 años, San Marcos Ki-T´ien-Siang, de 66 años, Santa Ana An Xin, de 72 años, Santa María An Guo, de 64 años, Santa Ana An Jiao, de 26 años, Santa María An Linghua, de 29 años, San Pablo Liu Jinde, de 79 años, San José Wang Kuiju, de 37 años, San Juan Wang Kuixin, de 25 años, Santa Teresa Zhang He, de 36 años, Santa Lang Yang, de 29 años, San Pablo Lang Fu, de 9 años, Santa Isabel Qin Bian, de 54 años, San Simón Qin Cunfu, de 14 años, San Pedro Liu Zeyu, de 57 años, Santa Ana Wang, de 14 años, San José Wang Yumei, de 68 años, Santa Lucía Wang Wang, de 31 años, San Andrés Wang Tianqing, de 9 años, Santa María Wang Li, de 49 años, San Chi Zhuze, de 18 años, Santa María Zhao Gou, de 60 años, Santa Rosa Zhao, de 22 años, Santa María Zhao, de 17 años, San José Yuan Gengyin, de 47 años, San Pablo Ge Tingzhu, de 61 años, Santa Rosa Fan Hui, de 45 años.
El hecho de que este considerable número de fieles laicos chinos haya ofrecido la vida a Cristo juntamente con los misioneros que les habían anunciado el Evangelio y se habían prodigado por ellos pone en evidencia la profundidad de los vínculos que la fe en Cristo establece, reuniendo en una sola familia personas de razas y culturas diversas, estrechamente hermanados entre sí, no ya por motivos políticos, sino en virtud de una religión que predica el amor, la fraternidad, la paz y la justicia. Además de todos los matados por los “Boxers” hasta ahora mencionados, debe recordarse también al San Alberico Crescitelli, sacerdote del Instituto Pontificio de las Misiones Exteriores de Milán, que desarrolló su ministerio en el Shanxi Meridional y fue martirizado el 21 de julio de 1900. Años después, al nutrido ejército de los Mártires arriba recordados iban a unirse algunos Miembros de la Sociedad Salesiana de S. Juan Bosco: San Luis Versiglia, Obispo, San Calixto Caravario, Sacerdote. Fueron asesinados juntos el 25 de febrero de 1930 en Li-Thau-Tseul.
Todos ellos fueron proclamados santos de la Iglesia el 1 de Octubre del año 2000 por el Papa Juan Pablo II.
Reproducido con autorización de Vatican.va
Recolha, transcrição e tradução incompleta
de António Fonseca

CARITAS IN VERITATE - CAPÍTULO I - (11-7-2009)

CAPÍTULO PRIMEIRO A MENSAGEM DA POPULORUM PROGRESSIO
10. A mais de quarenta anos de sua publicação, a releitura da Populorum progressio insta a permanecer fieis a sua mensagem de caridade e de verdade, considerando-o no âmbito do magistério específico de Paulo VI e, mais em geral, dentro da tradição da doutrina social da Igreja. Se hão- de valorar depois os diversos termos em que hoje, a diferença de então, se apresenta o problema do desenvolvimento. O ponto de vista correcto, portanto, é o da Tradição da fé apostólica [13], património antigo e novo, fora do qual a Populorum progressio sería um documento sem raízes e as questões sobre o desenvolvimento se reduziriam únicamente a dados sociológicos.
11. A publicação da Populorum progressio teve lugar pouco depois da conclusão do Concílio Ecuménico Vaticano II. A mesma Encíclica assinala nos primeiros páragrafos sua íntima relação com o Concílio.[14] Vinte anos depois, João Paulo II sublinhou na Sollicitudo rei socialis a fecunda relação daquela Encíclica com o Concílio e, em particular, com a Constituição pastoral Gaudium et spes [15]. Também eu desejo recordar aquí a importância do Concílio Vaticano II para a Encíclica de Paulo VI e para todo o Magistério social dos Sumos Pontífices que lhe sucederam. O Concilio aprofundou no que pertence desde sempre à verdade da fé, quer dizer, que a Igreja, estando ao serviço de Deus, está ao serviço do mundo em termos de amor e verdade. Paulo VI partía precisamente desta visão para nos dizer duas grandes verdades. A primeira é que toda a Igreja, em todo o seu ser e obrar, quando anuncia, celebra e actua na caridade, tende a promover o desenvolvimento integral do homem. Tem um papel público que não se esgota em suas actividades de assistência ou educação, mas que manifesta toda a sua própria capacidade de serviço à promoção do homem e a fraternidade universal quando pode contar com um regime de liberdade. Dita liberdade se vê impedida em muitos casos por proibições e perseguições, ou também limitada quando se reduz a presença pública da Igreja somente a suas actividades caritativas.
A segunda verdade é que o autêntico desenvolvimento do homem concerne de maneira unitária a totalidade da pessoa em todas as suas dimensões[16]. Sem a perspectiva de uma vida eterna, o progresso humano neste mundo se fica sem alento. Encerrado dentro da história, fica exposto ao risco de reduzir-se só ao incremento de ter; assim, a humanidade perde a valentía de estar disponível para os bens mais altos, para as iniciativas grandes e desinteressadas que a caridade universal exige. O homem não se desemvolve unicamente com suas próprias forças, assim como não se lhe pode dar sem mais o desenvolvimento desde fora.
Ao largo da história, acreditou-se com frequência que a criação de instituções bastava para garantir à humanidade o exercício do dureito ao desenvolvimento. Desafortunadamente, foi depositada uma confiança excessiva nas ditas instituições, quase como se elas pudessem conseguir o objectivo desejado de maneira automática. Na realidade, as instituções por sí sós não bastam, porque o desenvolvimento humano integral é antes de tudo vocação e, portanto, comporta que se assumam livre e solidariamente responsabilidades por parte de todos. Este desenvolvimento exige, além disso, uma visão transcendente da pessoa, necessitada de Deus: sem Ele, ou se nega o desenvolvimento, ou se lhe deixa unicamente em mãos do homem, que cede à presunção da auto-salvação e termina por promover um desenvolvimento desumanizado. Pelo demais, só o encontro com Deus permite não «ver sempre no próximo somente ao outro»[17], mas reconhecer N'Ele a imagem divina, chegando assim a descobrir verdadeiramente ao outro e a amadurecer um amor que «é ocupar-se do outro e preocupar-se pelo outro»[18].

12. A relação entre a Populorum progressio e o Concilio Vaticano II não representa uma fissura entre o Magistério social de Paulo VI e o dos Pontífices que o precederam, posto que o Concílio aprofunda o dito magistério na continuidade da vida da Igreja [19]. Neste sentido, algumas subdivisões abstractas da doutrina social da Igreja, que aplicam os ensinamentos sociais pontificios categorías estranhas a ela, não contribuem a clarificá-la. Não há dous tipos de doutrina social, uma pre-conciliar e outra pós-conciliar, diferentes entre sí, mas um único ensinamento, coerente e ao mesmo tempo sempre novo[20]. É justo assinalar as peculiaridades de uma ou outra Encíclica, do ensinamento de um ou outro Pontífice, mas sem perder nunca de vista a coerência de todo o corpo doutrinal em seu conjunto [21]. Coerência não significa um sistema cerrado, mas sim melhor fidelidade dinâmica a uma luz recebida. A doutrina social da Igreja ilumina com ua luz que não muda os problemas sempre novos que vão surgindo [22]. Isso salvaguarda tanto o carácter permanente como histórico deste «património» doutrinal [23] que, com suas características específicas, forma parte da Tradição sempre viva da Igreja [24].

A doutrina social está construida sobre o fundamento transmitido pelos Apóstolos aos Padres da Igreja e acolhido e aprofundado depois pelos grandes Doutores cristãos. Esta doutrina se remete em definitivo ao homem novo, ao «último Adão, Espírito que dá vida» (1 Co 15,45), e que é princípio da caridade que «não passa nunca» (1 Co 13,8). Foi testemunhada pelos Santos e por quantos deram a vida por Cristo Salvador no campo da justiça e a paz. Nela se expressa a tarefa profética dos Sumos Pontífices de guiar apostólicamente a Igreja de Cristo e de discernir as novas exigências da evangelização. Por estas razões, a Populorum progressio, inserta na grande corrente da Tradição, pode falar-nos todavía hoje a nós. 13. Além da sua íntima união com toda a doutrina social da Igreja, a Populorum progressio enlaça estreitamente com o conjunto de todo o magistério de Paulo VI e, em particular, com seu magistério social. Seus ensinamentos sociais foram de grande relevância: reafirmou a importância imprescindível do Evangelho para a construção da sociedade segundo liberdade e justiça, na perspectiva ideal e histórica de uma civilização animada pelo amor. Paulo VI entendeu claramente que a questão social se havia feito mundial[25] e captou a relação recíproca entre o impulso fazia a unificação da humanidade e o ideal cristão de uma única família dos povos, solidária na comum irmandade. Indicou no desenvolvimento, humana e cristãmente entendido, o coração da mensagem social cristão e propôs a caridade cristã como principal força ao serviço do desenvolvimento. Movido pelo desejo de fazer plenamente visível ao homem contemporâneo o amor de Cristo, Paulo VI afrontou com firmeza questões éticas importantes, sem ceder às debilidades culturais de seu tempo. 14. Com a Carta apostólica Octogésima adveniens, de 1971, Paulo VI tratou logo o tema do sentido da política e o perigo que representavam as visões utópicas e ideológicas que comprometíam sua qualidade ética e humana. São argumentos estreitamente unidos com o desenvolvimento. Lamentavelmente, as ideologías negativas surgem continuamente. Paulo VI já pôs em guarda sobre a ideología tecnocrática [26], hoje particularmente arreigada, consciente do grande risco de confiar todo o processo de desenvolvimento só a técnica, porque deste modo ficaría sem orientação. Em sí mesma considerada, a técnica é ambivalente. Se de um lado há actualmente quem é propenso a confiar completamente a ela o processo de desenvolvimento, de outro, se adverte o surgir de ideologías que negam em toda a utilidade mesma de desenvolvimento, considerando-o radicalmente anti-humano e que só comporta degradação. Assim, se acaba às vezes por condenar, não só o modo erróneo e injusto em que os homens orientam o progresso, mas também as descobertas científicas mesmo que, pelo contrário, são uma oportunidade de crescimento para todos se se usam bem. A ideia de um mundo sem desenvolvimento expressa desconfiança no homem e em Deus. Portanto, é um grave erro desprezar as capacidades humanas de controlar os desvios do desenvolvimento ou ignorar incluso que o homem tende constitutivamente a «ser mais». Considerar ideológicamente como absoluto o progresso técnico e sonhar com a utopía de uma humanidade que retorna ao seu estado de natureza originário, são dois modos opostos para eximir ao progresso de sua valoração moral e, portanto, de nossa responsabilidade. 15. Outros dos documentos de Paulo VI, ainda que não tão estreitamente relacionados com a doutrina social - a Encíclica Humanae vitae, de 25 de Julho de 1968, e a Exortação apostólica Evangelii nuntiandi, de 8 de Dezembro de 1975 - são muito importantes para delinear o sentido plenamente humano de desenvolvimento proposto pela Igreja. Portanto, é oportuno lêr também estes textos em relação com a Populorum progressio. A Encíclica Humanae vitae sublinhava o sentido unitivo e procriador em vez da sexualidade, pondo assim como fundamento da sociedade o casal dos esposos, homem e mulher, que se acolhem recíprocamente na distinção e na complementaridade; uma parelha, pois, aberta à vida [27]. Não se trata de uma moral meramente individual: a Humanae vitae assinala os fortes vínculos entre ética da vida e ética social, inaugurando uma temática do magistério que vem tomando corpo pouco a pouco em vários documentos e, por último, na Encíclica Evangelium vitae de João Paulo II [28]. A Igreja propõe com força esta relação entre ética da vida e ética social, consciente de que «não pode ter bases sólidas, uma sociedad que - enquanto afirma valores como a dignidade da pessoa, a justiça e a paz - se contradiz radicalmente aceitando e tolerando as mais variadas formas de menosprezo e violação da vida humana, sobretudo se é débil e marginal»[29]. A Exortação apostólica Evangelii nuntiandi guarda uma relação muito estreita com o desenvolvimento, enquanto «a evangelização - escreve Paulo VI - não sería completa se não tivesseem conta a interpelação recíproca que no curso dos tempos se estabelece entre o Evangelho e a vida concreta, pessoal e social do homem» [30]. «Entre evangelização e promoção humana (desenvolvimento, libertação) existem efectivamente laços muito fortes»[31]: partindo desta convicção, Paulo VI aclarou a relação entre o anúncio de Cristo e a promoção da pessoa na sociedade. O testemunho da caridade de Cristo mediante obras de justiça, paz e desenvolvimento forma parte da evangelização, porque a Jesus Cristo, que nos ama, lhe interessa todo o homem. Sobre estes importantes ensinamentos se funda o aspecto missionário [32] da doutrina social da Igreja, como um elemento essencial de evangelização [33]. É anúncio e testemunho da fé. É instrumento e fonte imprescindível para educar-se nela. 16. Na Populorum progressio, Paulo VI nos quis dizer, antes de tudo, que o progresso, em sua fonte e na sua essência, é uma vocação: «Nos desígnios de Deus, cada homem está chamado a promover seu próprio progresso, porque a vida de todo o homem é uma vocação»[34]. Isto é precisamente o que legitima a intervenção da Igreja na problemática de desenvolvimento. Se este afectasse só os aspectos técnicos da vida do homem, e não ao sentido de seu caminhar na história junto com seus outros irmãos, nem à descoberta da meta deste caminho, a Igreja não tería porque falar de ele. Paulo VI, como já Leão XIII na Rerum novarum [35], era consciente de cumprir um dever próprio de seu ministério ao projectar a luz do Evangelho sobre as questões sociais de seu tempo [36]. Dizer que o desenvolvimento é vocação equivale a reconhecer, por um lado, que este nasce de uma chamada transcendente e, por outro, que é incapaz de dar-se seu significado último por si mesmo. Com bons motivos, a palavra «vocação» aparece de novo noutra passagem da Encíclica, onde se afirma: «Não há, pois, mais que um humanismo verdadeiro que se abre ao Absoluto no reconhecimento de uma vocação que dá a ideia verdadeira da vida humana»[37]. Esta visão do progresso é o coração da Populorum progressio e motiva todas as reflexões de Paulo VI sobre a liberdade, a verdade e a caridade no desenvolvimento. É também a razão principal pelo que aquela Encíclica todavía é actual em nossos días. 17. A vocação é uma chamada que requere uma resposta livre e responsável. O desenvolvimento humano integral supõe a liberdade responsável da pessoa e os povos: nenhuna estrutura pode garantir o dito desenvolvimento desde fora e por cima da responsabilidade humana. Os «messianismos prometedores, mas forjados de ilusões»[38] baseiam sempre suas próprias propostas na negação da dimensão transcendente do desenvolvimento, seguros de tê-lo todo a sua disposição. Esta falsa segurança se converte em debilidade, porque comporta a submissão do homem, reduzido a um meio para o desenvolvimento, enquanto que a humildade de quem acolhe uma vocação se transforma em verdadeira autonomía, porque faz livre a pessoa. Paulo VI não tem dúvida de que há obstáculos e condicionamentos que travam o desenvolvimento, mas tem também a certeza de que «cada um permanece sempre, sejam os que sejam os influxos que sobre ele se exercem, o artífice principal de seu éxito ou de seu fracasso»[39]. Esta liberdade se refere ao desenvolvimento que temos ante nós mas, ao mesmo tempo, também às situações de subdesenvolvimento, que não são fruto da casualidade ou de uma necessidade histórica, mas que dependem da responsabilidade humana. Por isso, «os povos com fome interpelam hoje, com acento dramático, os povos opulentos»[40]. Também isto é vocação, enquanto chamada de homens livres a homens livres para assumir uma responsabilidade comum. Paulo VI percebía naturalmente a importância das estruturas económicas e das instituções, mas se dava conta com igual claridade de que a natureza destas era ser instrumentos da liberdade humana. Só se é livre, o desenvolvimento pode ser integralmente humano; só num regime de liberdade responsável pode crescer de maneira adequada. 18. Além da liberdade,o desenvolvimento humano integral como vocação exige também que se respeite a verdade. A vocação ao progresso impulsiona aos homens a «fazer, conhecer e ter mais para ser mais» [41]. Mas a questão é: ¿que significa «ser mais»? A esta pergunta, Paulo VI responde indicando o que comporta essencialmente o «autêntico desenvolvimento»: «deve ser integral, quer dizer, promover a todos os homens e a todo o homem»[42]. Na concorrência entre as diferentes visões do homem que, mais ainda que na sociedade de Paulo VI, se propõe também na de hoje, a visão cristã tem a peculiariedade de afirmar justificar o valor incondicional da pessoa humana e o sentido de seu crescimento. A vocação cristã ao desenvolvimento ajuda a buscar a promoção de todos os homens e de todo o homem. Paulo VI escreve: «O que conta para nós é o homem, cada homem, cada agrupamento de homens, até a humanidade inteira»[43]. A fé cristã se ocupa do desenvolvimento, não se apoiando em privilégios ou posições de poder, nem tampouco nos méritos dos cristãos, que certamente se têm dado e também hoje se dão, junto com suas naturais limitações [44], mas só em Cristo, ao qual deve remeter-se toda vocação autêntica ao desenvolvimento humano integral. O Evangelho é um elemento fundamental do desenvolvimento porque, nele, Cristo, «na mesma revelação do mistério do Pai e de seu amor, manifesta plenamente o homem ao próprio homem»[45]. Com os ensinamentos de seu Senhor, a Igreja prescruta os sinais dos tempos, os interpreta e oferece ao mundo «o que ela possui como próprio: uma visão global do homem e da humanidade»[46]. Precisamente porque Deus pronuncia o «sim» maior ao homem [47], o homem não pode deixar de abrir-se à vocação divina para realizar o próprio desenvolvimento. A verdade do desenvolvimento consiste na sua totalidade: se não é de todo o homem e de todos os homens, não é o verdadeiro desenvolvimento. Esta á a mensagem central da Populorum progressio, válida hoje e sempre. O desenvolvimento humano integral no plano natural, ao ser resposta a uma vocação de Deus criador [48], requere sua autentificação em «um humanismo transcendental, que dá [ao homem] sua maior plenitude; esta é a finalidade suprema do desenvolvimento pessoal»[49]. Portanto, a vocação cristã a dito desenvolvimento abarca tanto o plano natural como o sobrenatural; este é o motivo pelo que, «quando Deus fica eclipsado, nossa capacidade de reconhecer a orden natural, a finalidade e o "bem", começa a dissipar-se»[50]. 19. Finalmente, a visão do desemvolvimento como vocação comporta que seu centro seja a caridade. Na Encíclica Populorum progressio, Paulo VI assinalou que as causas de subdesenvolvimento não são principalmente de ordem material. Nos convidou a buscás-las em outras dimensões do homem. Antes de tudo, na vontade, que com frequência se desentende dos deveres da solidariedade. Depois, no pensamento, que não sempre sabe orientar adequadamente o desejo. Por isso, para alcançar o desenvolvimento fazem falta «pensadores de reflexão profunda que busquem um humanismo novo, o qual permita ao homem moderno falar-se a sí mesmo»[51]. Mas isso não é tudo. O subdesenvolvimento tem uma causa mais importante ainda que a falta de pensamento: é «a falta de fraternidade entre os homens e entre os povos»[52]. Esta fraternidade, ¿poderão consegui-la alguma vez os homens por sí sós? A sociedade cada vez mais globalizada nos faz mais juntos, mas não mais irmãos. A razão, por sí só, é capaz de aceitar a igualdade entre os homens e de estabelecer uma convivência cívica entre eles, mas não consegue fundar a irmandade. Esta nasce de uma vocação transcendente de Deus Pai, o primeiro que nos amou, e que nos ensinou mediante o Filho o que é a caridade fraterna. Paulo VI, apresentando os diversos niveis do processo de desenvolvimento do homem, pôs no mais alto, depois de haver mencionado a fé, «a unidade da caridade de Cristo, que nos chama a todos a participar, como filhos, na vida do Deus vivo, Pai de todos os homens»[53].

20. Estas perspectivas abertas pela Populorum progressio seguem sendo fundamentais para dar vida e orientação a nosso compromisso pelo desenvolvimento dos povos. Além disso, a Populorum progressio sublinhava reiteradamente a urgência das reformas[54] e pede que, ante os grandes problemas da injustiça no desenvolvimento dos povos, se actue com valor e sem demora. Esta urgência vem imposta também pela caridade na verdade. É a caridade de Cristo a que nos impulsiona: «caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14). Esta urgência não se deve só ao estado de coisas, não se deriva somente da avalanche dos acontecimentos e problemas, mas do que está em jogo: a necessidade de alcançar uma auténtica fraternidade. Conseguir esta meta é tão importante que exige tomá-la em consideração para comprendê-la a fundo e mobilizar-se concretamente com o «coração», com o fim de fazer mudar os processos económicos e sociais actuais até metas plenamente humanas.

(fim do primeiro capítulo da Encíclica CARITAS IN VERITATE)

(segue-se em breve, o 2º Capítulo)

Recolha, transcrição e tradução

(de espanhol para português)

de António Fonseca

VERÓNICA DE JULIANIS, SANTA (E OUTROS) - 9 DE JULHO

Embora conste no meu calendário, o nome de Stº Agustin Zhao Pong -mártir da China com companheiros, não pude encontrar nenhuma referência nos sites em que procurei,
Apenas através do site http://www.claret.cmf.martires.com/ pude obter o seguinte:
Santo Agostinho Zhao Rong, Presbítero,
e Companheiros, Mártires (Memória facultativa).
De qualquer modo, vou continuar a busca e logo que encontre mais algum dado sobre a sua biografia, publicá-la-ei.
Abadessa, 9 de Julho de 1727 Etimológicamente significa “imagen verdadera”. Viene del latín y del griego.Hay personas que piensan que el santo nace santo y que es un triste y aburrido. Si te vas dando cuenta a través de esta página diaria, Dios es el motor que impulsa a cada persona creyente a vivir una vida en plenitud.El ha venido para darnos la vida y dárnosla totalmente. Imagínate a la niña Ursula, así se llamaba antes de entrar en la Orden Religiosa. Corría, hacía travesuras, era caprichosa y muy cabezota.¿Quién podría soñar que esta niña llegaría a ser el día de mañana una mística contemplativa? Nadie.Su padre estaba colocado en la Administración de Hacienda de la ciudad de Plasencia. Era un señor muy conocido por su dinero y por cómo trataba a la gente en asuntos económicos.Soñaba que su hija tendría la vida resuelta ya que era muy guapa e inteligente.Pero los planes de su hija eran completamente opuestos a los de su padre. De tal modo que apenas cumplió los 17 años, tuvo la intención de entrar en un convento en el cual pudiera encontrar la paz interior que tanto anhelaba.Se marchó a Città Castello. Hizo su preparación religiosa para hacerse capuchina. Terminado este período, que suele oscilar entre uno o dos años – según las Ordenes o Congregaciones –, pronunció solemnemente su profesión de pobreza, celibato y obediencia.A tal grado llegó su fama entre sus hermanas que la nombraron maestra de novicias, es decir, de chicas que se preparan para ser monjas.Durante este tiempo comenzó a tener revelaciones del cielo. Cualquiera que se acercase a ella, podía mirar las huellas de la Pasión de Jesús en sus manos y en los pies.¿Qué hicieron entonces? Para evitar comentarios falsos, el obispo, tres médicos y un jesuita estudiaron el caso. Los médicos veían que las heridas rebrotaban apenas se curaban.Tras pasar un tiempo recluida, tuvieron que aceptar la realidad.¡Felicidades a quienes lleven este nombre!“Los cántaros , cuanto más vacíos, más ruido hacen” (Alfonso X el Sabio)Comentarios al P. Felipe Santos: fsantosssdb@hotmail.com
Nossa Senhora do Rosário de Chiquinquirá Padroeira da Colômbia Durante séculos, o povo colombiano dá glória a Deus por meio de sua Mãe a Santíssima Virgem María sob a invocação de Nossa Senhora do Rosário de Chinquinquirá. É este um dos mais importantes e frequentados santuários de Colômbia. A Virgem está representada num lenço, com o Menino nos braços e, como parece lógico, com o Santo Rosário na mão.
¿Queres saber mais? Consulta ewtn
Este dia também se festeja a Verónica de Julianis
Presbítero e Mártir, 9 de Julho

Martirológio Romano: Em Brielle, à beira do río Mosa, em Holanda, paixão dos santos mártires Nicolás Pieck, presbítero, e de seus dez companheiros religiosos da Ordem dos Irmãos Menores e oito do clero diocesano ou regular, todos os quais, por defender a presença real de Cristo na Eucaristía e a autoridade da Igreja Romana, foram submetidos pelos calvinistas a toda classe de escárnios e tormentos, terminando enforcados finalmente sem combate (1572). Etimologicamente: Nicolás = Aquele que é vencedor pelo povo, é de origem grega. Canonizado por Pío IX em 29 de Junho de 1867. Nicolás Pick nasceu em Gorcum em 29 de agosto de 1543 de família de príncipes , filho de Juan e Enrica Calvia. Seu pai era apegadíssimo à fé católica e em várias circunstâncias se distinguiu por seu zelo contra os erros do calvinismo que invadía a Holanda. O futuro mártir foi enviado a estudar num colégio em Bois‑le‑Duc. Apenas terminados os estudos pediu e obteve ser recebido na Ordem dos Irmãos Menores, recebeu o hábito, fez o noviciado, professou e logo foi enviado à célebre universidade de Lovaina para completar os estudos de filosofía e teología, merecendo os mais altos elogios de seus professores, em especial do reitor, Padre Adan Sasbouth. Em 1558, havendo crescido na escola dos santos e ardendo em seráfica caridade para com Deus e para com os irmãos, foi ordenado sacerdote. De imediato se dedicou à pregação da mensagem evangélica, percorrendo as principais cidades de Holanda e Bélgica, combatendo em todas partes a heresia, fortalecendo aos fieis na fé católica, reconduzindo a Deus uma verdadeira multidão de pecadores e à Igreja Católica a muitos calvinistas. Por todos era venerado e estimado como autêntico apóstolo de Cristo. Foi eleito guardião do convento de Gorcum e soube transformar aquele lugar num seráfico cenáculo de virtudes, de oração, de ciência e de santidade. Em Nicolás brilhava a angelical pureza de alma. Alimentava uma filial devoção à Santíssima Virgem rainha dos anjos e mãe dos crentes. Considerava perdido o día em que não houvesse oferecido uma homenagem de piedade ou sobretudo algum sacrifício por amor da Virgem. Cada día, além do oficio divino, recitava a coroa franciscana das sete alegrías de María Santíssima. A recitação do rosário era para o piedoso religioso a credencial de reconhecimento que marcava seu terno amor à Mãe celestial, era a expressão genuina de sua piedade serena e jovial. Em Gorcum travou amizade com o santo pároco Leonardo Wechel, em cuja companhia em 1572 haveria de compartilhar as duras batalhas pela fé e o supremo triunfo do martírio. Em 1572 as heresias de Lutero e Calvino já haviam separado da Igreja a uma grande parte de Europa. Em Holanda os calvinistas conquistavam pouco a pouco o poder e perseguíam aos católicos. Em Gorcum começou a vía dolorosa de nossos mártires e se executó em Brielle, em presença do cruel Lumay. São Nicolás falou várias vezes a seus concidadãos ante a iminência do martírio para preveni-los contra os erros calvinistas, demonstrando com sólidos argumentos a presença real de Jesús na Eucaristía e o primado do Sumo Pontífice, dogmas negados pelos calvinistas. Em 9 de Julho de 1572 o Santo subiu ao patíbulo e não cessou de bendizer a Deus. O laço lhe tirou a voz e lhe cortou a vida, aos 38 anos de idade.

Seus companheiros são:

santos Jerónimo de Weert, Teodorico van der Eem, Nicasio de Heeze, Willechadus de Dania, Godefrido Coart de Melveren, Antonio d´Hoornaert, Antonio de Weert e Francisco de Roye, presbíteros da Ordem dos Irmãos Menores, e Pedro van der Slagmolen d´Assche e Cornelio de Wijk-bij-Duurstede, religiosos da mesma Ordem; Juan Lenaerts, canónico regular de Santo Agostínho; Juan Coloniense, presbítero da Ordem de Pregadores; Adriano d´Hilvarenbeek, Santiago Lacops, presbítero da Ordem Premostratense; Leonardo Vechel, Nicolás Poppel, Godefrido van Duynen, Andrés Wouters, presbíteros.

Virgem Carmelita, Julho 9

Nasceu em Reggio Emilia (Italia) em 1428. Seus pais, Simón e Catalina, foram pobres em fortuna, mas ricos em virtudes cristãs. Cedo manifestou o desejo de ser religiosa e conseguiu revestir-se com o hábito de carmelita, levando vida retirada, penitente e de oração em sua mesma casa. Mortos seus pais, aceitou a generosa oferta que lhe fez uma rica e piedosa senhora, de sua fazenda com sua casa e suas duas filhas, que também desejavam ser carmelitas. Assim ficou estabelecido. ainda que precariamente, um início de convento até conseguir outro lugar mais espaçoso e adequado, que chegou a ser, prévias as devidas licenças, o autêntico mosteiro filiado na Congregação Mantuana dos carmelitas. Pouco tempo depois já contava este mosteiro com 22 religiosas sob o priorado da Beata Scopelli e a direcção espiritual de um padre carmelita. Dotada por Deus de extraordinários carismas, se lhe atribuem numerosos milagres. Segundo seus biógrafos, o oficio de superiora foi para ela um novo estímulo na prática da observância regular de jejuns, silêncio e sobretudo de oração, de onde dimanavam todas as demais virtudes. Cheia de júbilo, conheceu por revelação o día de sua morte e sem dissimular anunciou à comunidade que, rotas as ligaduras de sua carne mortal, muito em breve passaría às bodas celestiais. À comunidade, reunida e entristecida, recomendou a más estricta observância e sobretudo a prática da caridade por ser a alma das comunidades religiosas. Entregou sua alma a Deus em 9 de Julho de 1491. O papa Clemente XIV aprovou seu culto imemorial em 1771. Seu corpo jaz hoje na catedral de Reggio. Sua festa se celebra em 9 de Julho.

Etimologicamente significa “rocha, pedra”. Vem da língua hebraica. Se nos deixamos revestir pelo perdão como por um vestido, descobriremos uma transfiguração de nós mesmos e a claridade de uma comunhão. Se o amor que reconcilia chegasse a ser em nós, chama ardente... Mas foi um confessor do século X. Um dos monumentos mais importantes de Peregia á a igreja de S. Pedro. Se vâ a distância em virtude ou graças a seu campanário octogonal... Representa realmente algo belo com as línhas renascentistas de 1400 e 1500. Mas o mais antigo é a iglesia de S. Pedro Vincioli, que viveu no século X. Já havia outra igreja mais pequena em honra de S. Pedro, que foi fundada por S. Escolano, bispo e patrono de Peregia. Era a cidade un maremagnum de pagãos e alguns cristãos que rezavam na sua pequena igreja. A Pedro o encantava a arte que harmonizava com a sua entrega pastoral a todo o mundo. O Papa o nomeou abade da igreja e do mosteiro ao mesmo tempo. Se há que definir ou entrelaçar a característica mais importante de Pedro, sería, sem dúvida, sua caridade para com os pobres e abandonados da cidade. Esteve a ponto de morrer a mãos de uns ladrões , mas esta vez se salvou da morte que, realmente, lhe sobreveio de forma natural no ano 1707.
¡Felicidades a quem leve este nome!
Recolha, transcrição e tradução incompleta
de António Fonseca